728 x 90

El significado del Exodo

El significado del Exodo

Rab Abraham Twerski

5 de abril de 2020

“Recuerda este día cuando los saqué de Egipto de la casa de la esclavitud, que con mano fuerte Hashem te sacó de allí” (Shemot 13:13).

Esto es perfectamente entendible. El día que una nación fue liberada ciertamente merece ser conmemorado y perpetuado por generaciones. Los Estados Unidos, por ejemplo, celebran su Día de la Independencia el 4 de julio con desfiles, fuegos artificiales, discursos patrióticos y picnics.

Pero espere. “Matzot serán comidas durante un período de siete días (ocho en la diáspora) y Jametz no podrá ser visto en tu posesión ni levadura será vista dentro de tus límites” (Shemot 13:7).

¿Esto no es demasiado para una celebración del Día de la Independencia? Habiendo sido dictadas todas las leyes y prácticas que se derivan de las rígidas restricciones con respecto a Jametz, culminando luego de semanas de preparación y limpieza de nuestra casa a un nivel de esterilización de una intervención quirúrgica, ¿acaso esto no es una exageración a los efectos de conmemorar un acontecimiento?

Hay aún más. No sólo Pésaj está señalado para conmemorar el Exodo de Egipto, sino también en Shavuot, Sucot, Rosh Hashaná y Iom Kipur. Además, cada semana nos referimos en Shabat a la conmemoración del Éxodo, como está escrito: “Guarda el día de Shabat para santificarlo… y tú recordarás que fuiste esclavo en la tierra de Egipto, y Hashem te ha sacado de allí con mano fuerte y brazo extendido” (Devarim 5:12-15).

¿Cada semana? ¡No, cada día! “Y ellos (los Tefilín) serán para ti como una señal en tu brazo y un recordatorio entre tus ojos… porque con una mano fuerte Hashem te rescató de Egipto (Shemot 13:9). Lo mismo con el Talit, “y ellos serán a tus orillas…Yo soy el Señor tu Di’s que te saqué de la tierra de Egipto” (Vayikrá 15:39-41).

Esto parece salirse de las manos para un ritual del Día de la Independencia. Pero aún no hemos terminado. La Mitzvá de la redención del primogénito se entiende como una conmemoración del Éxodo (Shemot 13:15); al otorgarle una bonificación a una sirvienta contratado cuando el término de su servicio se ha completado (Devarim 15:14.15); el juicio a los falsos profetas o a un seductor de la idolatría (ibid. 13:6-11); el mantenimiento de un peso y medidas honesto y justo (Vayikrá 19:35-36); la prohibición contra comer animales impuros (ibid. 11:44-47); y otras varias Mitzvot. Aún el más ardiente nacionalista no prescribiría semejante cantidad de variadas y taxativas prácticas, tanto positivas como negativas, sólo para celebrar un acontecimiento histórico del nacimiento de una nación. Claramente el Éxodo de Egipto debe representar algo más que una independencia nacional.

Que el Éxodo de Egipto está inextricablemente unido a la revelación de Sinaí es evidente en el mensaje trasmitido de Moshé en la zarza ardiente: “Cuando saques al pueblo de Egipto, servirás a Hashem en esta montaña” (Shemot 3:12); y las palabras iniciales de los Diez Mandamientos dados en el Monte Sinaí fueron: “Yo soy el Señor tu Di’s que te sacó de la tierra de Egipto de la casa de esclavitud” (ibid. 20:2).

La liberación de Egipto fue en consecuencia no sólo un incidente nacional, sino la creación de una nación con una misión universal. “Tú has visto lo que he hecho en Egipto… y te he traído a Mi… y serás para Mi un reino de sacerdotes y personas sagradas” (ibid. 19:4-6). La nación completa estaba destinada a ser sacerdotes, y cada integrante una persona sagrada. Esto fue mucho más que la formación de otra entidad política.

El acontecimiento trascendental de Egipto, tanto la esclavitud como la liberación, deben en consecuencia ser entendidos como componentes de un propósito final: La formación de personas espirituales. Cada incidente de este gran acontecimiento puede servir como prototipo para el desenvolvimiento de la espiritualidad, y las enseñanzas que pueden derivarse de cada evento tiene su propia incidencia en nuestros esfuerzos hacia la espiritualidad miles de años después. De la tortura de la esclavitud -el horno purificador (Devarim 4:20)- al milagro de la partición del Mar de los Juncos, todo lo que hacemos y lo que nos ha sucedido fue una guía hacia la espiritualidad.

La misión del judío hoy no es diferente que la de sus ancestros que abandonaron Egipto; alcanzar el estatus de sacerdotes y santos, o en otras palabras, seres espirituales. De la misma manera que las fuerzas que nos obstaculizan el crecimiento espiritual son poderosas, oportunas y constantes, del mismo modo nuestros esfuerzos por sobreponernos a ellas deben ser permanentemente renovados y fortificados. Es por esta razón que continuamente nos referimos al Éxodo como la fuente y manantial de nuestro arsenal en la lucha por alcanzar espiritualidad.

Cuanto más a fondo entendemos el Éxodo, mayores serán nuestros recursos para alcanzar espiritualidad. Esta es la función de la Hagadá, que es mucho más que un relato histórico. Estudiemos pues la Hagadá con la convicción que contiene enseñanzas del Éxodo que son aplicables no sólo en Pésaj, sino cada día del año, y ciertamente, varias veces al día: Los caminos en los cuales podremos alcanzar la verdadera libertad espiritual.

Noticias Relacionadas