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Impactante historia: Un misterioso extraño y el Kitzur Shulján Aruj

Impactante historia: Un misterioso extraño y el Kitzur Shulján Aruj

26 de junio de 2020

Rav Eliyahu Keller, de Givat Shaul, en Yerushalayim, en Yated Hashavua, contó una historia impactante sobre la kevurah de su padre, z’tl.

Hace tres años, el padre de Rav Eliyahu, Rav Avraham Moshe Keller, hizo Aliah de Argentina a los 79 años, cumpliendo un sueño de toda la vida. Rav Keller hizo su hogar en el centro de ancianos Shomrei Hajamot, donde se hizo conocido por su amor por el Kitzur Shulján Aruj. Nunca se lo vio sin el Séfer, aprendiendo de él todos los días y enseñándole a otros.

Hace un mes y medio, Rav Keller falleció del coronavirus. Debido a la pandemia, su levayá, que tuvo lugar en la funeraria Shamgar el día en que fue niftar por la costumbre (minhag) de Yerushalmi, se llevó a cabo con muy pocas personas presentes, a la 1 de la mañana.

Otro mihag Yerushalmi es que los hijos y nietos del niftar no van a los beit hakvarot (cementerio) durante la kevurah. Este hecho condujo a una situación dolorosa aante la posibilidad de que menos de un minián de hombres estuvieran presentes en el kevurah. Rav Eliyahu, el único hijo del niftar, no pudo ir y tampoco sus dos yernos, ya que ambos son Kohanim. La hermana de Rav Eliyahu que vive en Israel y los cuatro miembros de su familia fueron los únicos que pudieron asistir a la kevurah.

De repente, un hombre que parecía tener unos 70 años, que estaba parado a un lado durante la levayá, se acercó y dijo que se uniría para viajar a la kevurah en Har Hazeitim. Los familiares quedaron asombrados de que un extraño anciano viajaría a la 1 de la mañana durante una pandemia a Har Hazeitim y le dijeron cortésmente: “No tienes que preocuparte”.

Sin embargo, el hombre insistió. Los miembros de la familia le preguntaron su nombre y si conocía al niftar y el hombre respondió que es un pariente del difunto.

Ahora los miembros de la familia estaban aún más confundidos. Había muy pocos miembros de la familia que vivían en Israel ya que la mayoría de sus familiares aún vivían en Argentina y estaban familiarizados con todos ellos. Estaban seguros de que el hombre debe haber cometido un error. Como había muchas levayot en Shamgar esa noche, uno tras otro, le explicaron gentilmente que debía estar buscando una levayá diferente.

Sin embargo, el hombre se mantuvo firme y sin explicarse más, simplemente entró en el automóvil del yerno de la hermana de Rav Eliyahu que conducía a la kevurah. Junto con algunos voluntarios de Jevra Kadishá, ahora tenían un minián para la kevurah.

Después de la kevurah, el yerno, todavía desconcertado por la presencia del extraño, se le acercó y le dijo: “¿Cómo te llamas?”.

“Gantzfried”, respondió el hombre. El yerno estaba seguro de que no había familiares de la familia llamada Gantzfried y ahora estaba aún más perplejo.

El misterioso hombre regresó del beit kevurah en el auto del yerno junto con otro pariente. Después de dejar al hombre, el yerno le preguntó a su pariente: “¿Conoces a este ‘pariente’ nuestro llamado Gantzfried?”

El pariente se puso blanco. “¿Ese es el nombre que te dijo?” preguntó con asombro. Rápidamente se dio la vuelta, estirando el cuello para ver si aún podía ver al hombre, que acababa de salir del auto hace un momento. Pero no lo vio e incluso después de que recorrieron rápidamente el área donde lo dejaron, no lo vieron.

El pariente había recordado de inmediato que el nombre del mejaber del Kitzur Shulján Aruj es Harav Shlomo Gantzfried.

Rav Eliyahu dijo que no tiene dudas de que el hombre era un shalíaj (enviado) del Shamayim para acompañar a su padre en su viaje final debido a su increíble apego al Kitzur Shulján Aruj.

“Cuando mi padre era joven, sus padres emigraron de Polonia a Argentina”, dijo Rav Eliyahu. “Durante ese tiempo, en el período anterior a la Segunda Guerra Mundial, no había instituciones de la Torá allí. Pero hubo un judío maravilloso llamado Reb Ze’ev Greenberg que enseñó Torá e inculcó Irat Shamayim (temor al Cielo) en miles de judíos que habían emigrado a Argentina desde Europa”.

“Cuando mi padre llegó a la edad de Bar Mitzvah, Rav Greenberg le dijo: ‘Qué afortunado eres de ser zojeh (meritorio) para ser mekabel las Mitzvot (recibir el yugo de las Mitzvot). Te doy un regalo Séfer Kodesh llamado Kitzur Shulján Aruj, escrito por Rav Shlomo Ben R ‘Yosef Gantzfried como regalo y te acompañará durante toda tu vida. Apóyate en este libro y serás zojeh para ser un buen judío y cumplir con los halajot… y Hakadosh Baruj Hu estará feliz contigo”.

“Aba tomó el Séfer y lo vio como una misión de por vida. Aprendió el Kitzur Shulján Aruj todos los días, sin faltar ni un día desde el momento en que fue Bar Mitzvah hasta el día de su muerte. ¡Le pregunté una vez cuántas veces aprendió el Séfer y dijo ‘quizás 30 veces’ y esto fue hace 25 años!

“Cuando mis padres decidieron hacer Aliah, mi padre retiró todos sus ahorros del banco. Esa noche los ladrones irrumpieron en su casa y justo en frente de sus ojos les robaron sus ahorros de toda la vida y todas sus joyas”.

“Mi madre se volvió desesperada hacia mi padre y le preguntó: ‘¿Qué haremos ahora?’ Mi padre respondió en voz baja: ‘En el Kitzur Shulján Aruj dice que todo lo que hace Hashem es para bien. Aparentemente, Hashem nos dio un regalo asegurándose de que estaremos zojeh para llegar a Eretz Israel b’shleimut como Yaakov Avinu cuando toda su riqueza de otras naciones se quedó atrás cuando fue a Eretz Israel”.

“Mi madre nos dijo que después de 65 años de matrimonio, nunca escuchó a mi padre hacer un comentario despectivo o hablar Lashón Hará. Si alguien dijo algo negativo en su presencia, actuó como si no lo hubiera escuchado, diciendo ‘el Kitzur Shulján Aruj no permite esto'”.

“Mi padre tenía increíbles Iirat Shamayim. Una vez, en un momento de franqueza, me contó el secreto de su Yirat Shamayim: “El primer saif del Kitzur Shulján Aruj comienza con ‘Shiviti Hashem L’Negdí Tamid (Hashem está siempre delante de mí) – es un klal gadol b’Torah y los maalot de Tzadikim”.

“Aba vivió con esto diciendo toda su vida y cada vez que abría el Kitzur, antes de abrirlo en la página que había dejado, pasaba a la primera página y leía la primera oración”.

“Considerando la forma en que nuestro padre vivió su vida, no podríamos estar demasiado sorprendidos por el ‘misterioso extraño llamado Gantzfried'”.

Rav Keller concluyó la historia diciendo que es una Mitzvá publicitar la historia para enseñar a otros cuántos méritos adquiere una persona al aprender los sefarim del Gueonei HaDorot (los grandes de nuestras generaciones).

(YWN)

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