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Mirar la destrucción

Mirar la destrucción

Sivan Rahav Meir 

29 de julio de 2020

Vi ayer con mis propios ojos el resultado de Tishá beAv en un emocionante recorrido junto a Hertzel Ben Ari de la compañía encargada del desarrollo del barrio judío.  

La primera estación: un aglomerado enorme de piedras. Estas son rocas que fueron disparadas en el transcurso de la destrucción del Templo y se quedaron allí, en el área del muro ubicado al sur, en testimonio silencioso hasta el día de hoy. Pareciera que se congeló el tiempo y es posible ver la destrucción y desolación con nuestros propios ojos.  

Vimos también evidencia de un gran incendio que se propagó en Yerushalaim después de la destrucción del Templo. Y es posible realmente sentirlo, de manera tangible, al encontrarnos frente a la tierra negra y a las vigas de madera quemada hace casi dos mil de años.  

Es posible también ver en el terreno la esperanza de que la destrucción se transforme en construcción. En una de las viejas rocas en la muralla del sur, cuando alguien en aquellos tiempos grabó, en letras hebreas un versículo de las palabras del profeta Isaías: “Verán y se pondrá contento vuestro corazón y vuestros huesos como el herbaje florecerá aunque él no tuvo la oportunidad de ver los huesos florecer”.  

Estos restos nos esperaron, generación tras generación, cubiertos bajo las capas de tierra. Sólo ahora que volvimos a Yerushalaim, el Estado de Israel empezó a llevar a cabo un enorme emprendimiento arqueológico que continúa revelando, poco a poco hasta el día de hoy, estos testimonios.  

Precisamente esta semana se descubrió en Yerushalaim un tesoro relacionado a las murallas de la época del Primer Templo. ¿Será que hay cierto simbolismo en esto de que volvimos a casa y todo el tiempo descubrimos señales de advertencia que se encuentran ocultos bajo la tierra? El instructor que nos acompañaba terminó preguntando: Si estas piedras pudieran hablarnos, ¿que nos dirían?

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