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El rescate de los niños judíos

El rescate de los niños judíos

Alberto Kalejman

31 de julio de 2020

En la parashá de esta semana, Vaetjanán, Moshé Rabeinu le cuenta a la generación que entrará a Eretz Israel la revelación de Hashem en el Monte Sinai, la entrega de las Lujot HaBrit (las tablas del pacto, donde están escritos los diez mandamientos), el Shemá Israel y otros temas.

El Rambam dice en el segundo de los 13 Principios de fe: “El Creador es Uno, no puede ser dividido ni nada se le parece en su esencia”. Este principio esta relacionado directamente con la declaración de la unicidad, y el amor del pueblo judío hacia Hashem: “Shemá Israel, Hashem Elokehinu Hashem Ejad”.

Hay una historia muy emotiva respecto al Shemá y tomo lugar en la época de la Shoá. Se cuenta que muchos padres con tal de salvar a sus hijos de las manos de los nazis (que Hashem borre sus nombres) los dejaban en conventos para que los resguarden.

Fue enviada una comisión integrada por Rabinos desde USA y Gran Bretaña para tratar de devolver a estos niños al seno de su Pueblo. Los Rabinos se dirigieron al primer convento y pidieron hablar con la máxima autoridad. Allí les contestaron: “Por supuesto que no nos oponemos que los niños vuelvan a sus familiares o por lo menos a su gente. Pero… ¿cómo sabrán distinguir cuál es judío? Nosotros no acostumbramos a señalar el origen o religión de los chicos”.

“Pues la lista de nombres nos ayudará”, contestaron. “¡La revisaremos y aquellos que suenen como judíos nos demostrará su origen!”.

“No, no, no; ¡no acostumbramos a hacer así las cosas!!”, dijo el Padre ofendido. Los Rabinos intentaron convencerlo con buenos argumentos, pero éste seguía firme: “Tenemos que ser detallistas al máximo, sin posibilidad de error. No liberaremos niños por el mero sonido de un nombre. Sólo permitiré que se retiren niños con la total seguridad de que sean judíos”. 

¿Qué hacer? La mayoría de los pequeños fueron separados de sus familias cuando eran muy pequeños aun y no podían recordar por sí solos sus orígenes. ¿Documentos? Imposible de encontrarlos después de semejante destrucción. Hicieron un nuevo intento para convencer al sacerdote, pero éste perdió la paciencia. “Lo siento mucho. Ya les di demasiado de mi tiempo. Decidan ya qué hacer. Les otorgo sólo tres minutos”.

Parecía que todos los esfuerzos no servían. El corazón de los Rabinos se partía de dolor. De acuerdo a la información que tenían, decenas de niños judíos se hallaban en este convento, y sólo contaban con tres minutos…

Los labios murmuraron una plegaria al Amo del Mundo para que los ilumine con una idea que les permita distinguir entre cientos de niños, quiénes eran Iehudim y en sólo tres minutos. Sus rezos fueron escuchados. A la mente de uno de los Rabanim llegó una idea increíble. “¿Podemos utilizar los tres minutos cuando querramos?” “Sí” fue la respuesta. “Entonces, vendremos cuando los niños se acuesten a dormir”. La respuesta del Padre fue: “A las siete en punto”, mientras no ocultaba su desdén por la testarudez y perseverancia de los Rabinos y esperaba ansiosamente la llegada de la hora señalada para saber realmente qué es lo que tramaban. ¿Para qué irse y volver?

Cuando el reloj dejó oír las siete campanadas, todos los pupilos se encontraban, después de un pesado día, acostados en sus camas, ordenadas una al lado de la otra en el gran salón.

Los Rabinos caminaron hacia el centro de la habitación. Uno de ellos se paró sobre un pequeño banquito y esperó. Un silencio total reinó allí. Y así, con voz calma, el Rabino pronunció seis palabras que penetraron en la sala de punta a punta: “Shemá Israel Hashem Elokeinu Hashem Ejad” (Oye Israel, Hashem es nuestro Di-s, Hashem es Uno).

En el instante se escucharon murmullos de todos los extremos del salón. Vocecitas y llantos: “Mamá”, “Mámele”, “Mame”. Cada niño, en su lengua, buscaba a su madre. La que, unos años antes, en el momento de acunarlo y taparlo cada noche antes de dormir, y darle el beso de las buenas noches, le susurraba al oído estas palabras, que son la base de la fe. Palabras que a todo niño judío se les debe enseñar: “Shemá Israel Hashem Elokeinu Hashem Ejad”. El sacerdote bajó la vista. Los Rabinos lo lograron. Pudieron rescatar a los niños perdidos. Los pocos segundos que cada madre dedicó noche a noche al acostar a sus niños, fueron los que mantuvieron a sus hijos unidos a Su pueblo: Israel.

Y de esta historia podemos aprender algo hermoso, que Boré Olam siempre está con nosotros. Muchas veces podemos tener situaciones donde no vemos la salida; tenemos que tener fe en que Hashem nos va ayudar, tenemos que tener grabado esta frase: Shemá Israel: presta atención Am Israel, lo que tengo para decir, Hashem Elokeinu: Él es nuestro Hashem, nuestro padre, Hashem Ejad: es único, no hay otro. Él nos provee todo.

Que Boré Olam, escuche nuestro pedido, que cada vez que decimos Shemá Israel Hashem Elokeinu Hashem Ejad, sea para pedir que nos mande pronto y en nuestros días la gueulá (redención).

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