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Atreverse: Atributo clave del éxito israelí

Atreverse: Atributo clave del éxito israelí

Yossi Abadi

17 de setiembre de 2020

El exvicepresidente estadounidense Al Gore, el expresidente de México Salinas de Gortari, y el actor estadounidense Samuel L. Jackson, los tres, tienen algo muy en común: jóvenes de espíritu, y al mismo tiempo, tienen la misma edad que el Estado de Israel. Cuando nacieron, Israel apenas estaba anunciando su Independencia.

En sus primeros años, dos de cada tres ciudadanos israelíes llegaron desde países extranjeros, sin idioma común o pertenencias, pero con mucha determinación. Equipados con armas de defensa, sus familias comían poco, y muchos dependían de las libretas de cupones otorgadas por el Estado. Un huevo a la semana por persona, y largas filas para obtener pan.

Mucho ha cambiado en estos 72 años de vida, las largas filas para obtener comida estatal, en las que mi abuelo esperaba largas horas para alimentar a sus hijos, se convirtieron en largas listas de empresas cotizadas en las bolsas de valores; en inventos tecnológicos transcendentales y premios Nobel en Química y Literatura, entre otros.

Con gran idealismo, y convicción en la necesidad de autodefensa, Israel ha logrado convertir sus desventajas crónicas en oportunidades continuas de crecimiento. Su falta de recursos naturales se convirtió en inventos revolucionarios. Su desierto se convirtió en la tierra más fértil, mientras que la falta de agua, en altas tecnologías de riego y grandes proyectos de desalinización.

La agricultura fue clave en el comienzo. Al contar con tierra seca y falta de recursos hídricos, los agricultores se convirtieron, sin querer queriendo, en investigadores. Y no es solo que la “necesidad” trajo el “ingenio”, pues la cultura misma del informalismo israelí llevó al desafío de todo lo conocido.

Mucho se ha dicho sobre Israel como un Estado emprendedor.

La agricultura fue clave en el comienzo. Al contar con tierra seca y falta de recursos hídricos, los agricultores se convirtieron, sin querer queriendo, en investigadores. Y no es sólo que la “necesidad” trajo el “ingenio”, pues la cultura misma del informalismo israelí llevó al desafío de todo lo conocido.

Mucho se ha dicho sobre Israel como un Estado emprendedor.

Israel y Latinoamérica comparten no solo una gran amistad, sino también grandes oportunidades: tecnología que cambia vidas, agricultura que revoluciona el suelo, innovaciones que transforman la salud.

Pero quizá, más allá de exportar tecnología israelí, tenemos que exportar, como amigos y hermanos de Latinoamérica, algo mayor: el espíritu de emprendimiento e innovación.

Los latinoamericanos, con su gran intelecto e interminable alegría y fuerte trabajo, lo podrán redimensionar, logrando demostrar que uno más uno siempre suma tres.

*Yossi Abadi es Abogado y empresario israelí; CEO del Grupo Tenlot y Principal inversionista israelí en Cen­tro América.

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