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La historia en Rosh Hashaná

La historia en Rosh Hashaná

Sivan Rahav Meir 

21 de setiembre de 2020

Este Rosh Hashaná entrará en los anales de la Historia Judía. No solamente a causa de la cuarentena, sino también a causa de cómo nosotros nos enfrentamos a ello.  

Casi todo el mundo tuvo que cambiar, adaptarse, ser flexible: familias grandes tuvieron que aguantarse y sentarse en la mesa de la fiesta solos, para no poner en riesgo y no ponerse en riesgo ellos mismos. Un sinfín de abuelos y abuelas que esperaban comer la manzana con miel con sus nietos tuvieron que quedarse con el anhelo. Feligreses se levantaron a las 5:00 de la mañana para empezar a rezar antes de que el sol calentara demasiado. Vi muchas personas (incluyendo niños) en las calles de Jerusalem en estas horas desafiantes. Cientos de miles estuvieron parados durante largas horas en jardines, parques de diversión, estacionamientos, balcones, gente rezando “Netané Tokef” entre un carrusel y un columpio, o “Ajot Ketaná” cerca de carros estacionados. 

Decenas de miles de personas aisladas (por el coronavirus) empezaron el año encerrados entre cuatro paredes. Escuché de personas en cuarentena que lloraron, cuando alguien llegó a tocarles el shofar debajo de sus ventanas, y no alcanzaron a decir las bendiciones que se pronuncian frente al sonido del shofar por estar embargados por la emoción. 

Los policías y el personal médico trabajaron, esta vez, de manera especialmente difícil. Me contaron sobre una enfermera que trabaja con enfermos de corona que consiguió salir, en el transcurso de su turno, por cinco minutos, para escuchar el shofar y volver a su puesto para seguir luchando por la vida de los enfermos. 

Los “gabaim” que ya hacen meses se encuentran fuera de sus queridas sinagogas y se preocuparon con dedicación por los puestos, los ventiladores, las sombrillas, las bebidas, y con buenos modales le recordaron a la gente sobre las mascarillas y el distanciamiento social.   

Se sumaron a ellos cantidad de nuevos voluntarios los cuales por primera vez en sus vidas se volvieron servidores públicos, algunos de ellos aprendieron a tocar el shofar por primera vez, en cuanto que otros, de repente pasaron de ser espectadores a actores, al cocinar la comida para la fiesta a sus vecinos que se encuentran en cuarentena a causa del coronavirus. 

Para finalizar una palabra a los vecinos que nos son de los que van a la sinagoga. Es necesario paciencia para soportar a tus vecinos religiosos los cuales hicieron un minián en la entrada del edificio. Estamos acostumbrados escuchar sobre las tensiones entre los religiosos y los no religiosos, pero he aquí la prueba de que el público israelí sabe arreglarse muy bien en el espacio.  

De repente el shofar salió hacia afuera, de la sinagoga al espacio público y muchos disfrutaron el parase en medio de su paseo con el perro o la carrera matinal para escuchar el sonido de shofar. 

Dicen que en el año nuevo es preciso renovarse, moverse, no quedarse en lo mismo. Me parece que esto es precisamente lo que hemos hecho en este Rosh Hashaná 5781. 

Shaná Tová.

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