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¿Cómo nos alegraremos en Simjat Torá?

¿Cómo nos alegraremos en Simjat Torá?

Sivan Rahav Meir 

8 de octubre de 2020

Simjat Torá está cerca y este año la festividad será completamente diferente. Jana Schneerson, madre del Rabi de Lubavitch escribió, en su diario sobre la festividad de Simjat Torá, un relato que puede darnos cierta inspiración.  

La familia Schneerson se dedicaba a la propagación del judaísmo y el régimen comunista se oponía a ello a través de investigaciones policiacas, persecuciones hasta llegar a juicio -su esposo, el Rav Levi Itzjak fue enviado al exilio en Khazakastan-. Desde allí ella escribe en su diario lo siguiente: “Llegó el día de Simjat Torá y aun no nos es permitido festejarlo. Estábamos pues, mi esposo y yo solos en el cuarto y llegó el tiempo de las hakafot. Es difícil para alguien como yo imaginar la experiencia espiritual que vi reflejada en la cara de mi esposo al empezar a recitar en voz alta: ‘¡Se les ha demostrado que Hashem es Elokim y no hay nadie más que El!’”  

Mi esposo dijo las palabras de este versículo con la misma melodía con la cual acostumbraba a hacer las Hakafot en nuestra ciudad, en la sinagoga, con la participación de varios cientos de judíos. No solamente aquellos que estaban allí bailaban, sino que parecía que inclusive las piedras lo hacían debido a la gran alegría existente… 

Con esta misma alegría se encontraba mi esposo también aquí. Dijo cada versículo, y después de dar la vuelta (la Hakafá) cantó y bailó .solo, por supuesto-.  

Entre la mesa y la cama había un pequeño espacio libre y allí mi esposo dio vueltas y vueltas durante la duración de las Hakafot: ‘Puro y recto, redímenos’, ‘Bondadoso y hacedor del bien respóndenos en el día en que te llamamos’.  

Era posible sentir en estas palabras la emoción que había en su corazón, el anhelo que su alegría fuese limpia y pura. 

‘El que conoce los pensamientos, sálvanos. El que viste rectitud respóndenos en el día en que te llamamos’.  

Estuve sentada en una esquina, sobre un banquito de madera y reflexioné sobre la grandeza y la fuerza del amor por la Torá de este hombre con las cuales bailó todas las siete Hakafot (vueltas).  

Al día siguiente en la mañana mi esposo dijo, con la misma vitalidad, el poema: “Regocíjate y alégrate en Simjat Torá (Sisu veSimju be Simjat Torá).” 

En aquella festividad de Simjat Torá ellos estaban solos. Sin un Séfer Torá, sin congregación, casi sin comida. Pero en realidad ellos no estaban solos, estaban acompañados de alegría y de la Torá.

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