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El divorcio ¿será la única solución a los problemas del matrimonio?

El divorcio ¿será la única solución a los problemas del matrimonio?

Becky Krinsky

12 de noviembre de 2020

Se necesita de dos personas para pelear, destruir un matrimonio o hacer problemas en el hogar. Sólo se necesita de una persona para dejar de discutir y poder cambiar la actitud e iniciar un diálogo sensible.

El divorcio tiene la gran virtud de sacar lo peor de las personas. Cuando se llega al punto donde uno cree que ya no hay remedio, entonces supone que lo único que resta es divorciarse…

El divorcio no es una solución fácil. Es una pérdida, un proceso difícil y un reajuste a la vida personal. Además de todas las implicaciones legales, económicas y sociales, también es la puerta pesada que atrae nuevos problemas y más serios.

El divorcio es una buena solución cuando existen problemas de abuso o de violencia familiar. De hecho, no es una cuestión que se deba negociar. La seguridad personal siempre debe de ser una prioridad.

Sin embargo, hoy en día, la mayoría de los divorcios, no tienen una causa seria. Simplemente sienten que sus expectativas no se cumplieron, que no son felices, ni compatibles y la realidad que tienen no es lo que esperaban.

La frustración, enojo, decepción y sobre todo mala comunicación son factores que alienan la relación y desde luego la deterioran, al punto que se pierde el interés y los deseos para nutrir el matrimonio.

A pesar de que siempre hay una razón que pudiera justificar el divorcio, siempre hay tiempo para poderse divorciar. Por el beneficio personal sería conveniente tomar la responsabilidad propia y reconocer que el hecho de estar casados y compartir la vida, no quiere decir que la pareja es responsable por la felicidad del otro.

Tampoco quiere decir que el matrimonio tenga poderes mágicos para cambiar el carácter y el temperamento de las personas. Los cuales nunca fueron una sorpresa.

Es una fantasía infantil pensar que por estar casados uno tiene que exigir que lo atiendan, le proveen sólo porque es una obligación.

El matrimonio no debe ser un negocio que se puede terminar cuando las cosas no van bien. Ni una sociedad donde los accionistas pueden comprar o liquidar cuando ya obtuvieron el provecho que buscaban.

El matrimonio es una relación increíblemente compleja, donde las personas se complementan y forman una unidad única y especial. El uno ayuda al otro, ambos se motivan a ser mejor, para poder convivir y desarrollar todas sus potencialidades.

Tener una pareja y un buen matrimonio mejora la calidad de vida y el bienestar de todos.  Pero la felicidad, así como el desarrollo personal y el compromiso de ser mejor persona, depende exclusivamente de cada uno.

Antes de disolver un matrimonio, se debería de tomar conciencia y responsabilidad de las acciones propias. De otra forma, después del divorcio, seguirán repitiendo los mismos problemas con otras relaciones.

La receta

Recuperando el matrimonio

Ingredientes:

Responsabilidad – conciencia de acciones personales que impactan a los demás.

Sensibilidad – percibir las necesidades del otro, aceptarlas, valorarlas y respetarlas.

Honestidad – comunicarse con claridad y sinceridad para comprenderse.

Amor – decisión personal para enfocarse en las cualidades y virtudes del otro.

Felicidad – suma de bondad, consideración, el dar/compartir a su pareja.

Afirmación positiva para salvar el matrimonio.

Acepto a mi pareja como es, no como quisiera que sea. Reconozco que cada uno tiene su verdad y su visión, la respeto sin imponer mi posición o tratar de controlar.  Soy lo mejor de mí, doy sin exigir y me enfoco en las virtudes de mi pareja. Mi matrimonio es mi prioridad. Cuido a mi pareja y busco su bienestar. Hablo con sinceridad. Mi matrimonio me ayuda a ser mejor.

Para conservar un buen matrimonio

1.     Todo lo que le pones atención se fortalece. Cada uno decide que quiere ver en su matrimonio. Para conservarlo y nutrirlo hay que enfocarse en las virtudes, las buenas acciones y la comunicación clara.

2.     Un matrimonio sano se fija en su pareja y lo hace su prioridad. Para que la relación sea sólida y sana, uno tiene que incluir a todos los de su alrededor, y ver más allá que su propia felicidad.

3.     Discutir y hablar con la verdad es una necesidad para poder tener una relación sana y honesta. No hay que temerle al conflicto. Cuando se dice lo que no funciona se encuentra una solución. Cuando se calla se pierde la posibilidad de comprensión.

“Para tener un buen matrimonio, debo de ser la mejor versión de mí. Antes de pedir tengo que dar y antes de exigir he de agradecer.” 

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Becky Krinsky | Coach de vida, autor y orador internacional  

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