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La niña de Auschwitz

La niña de Auschwitz

Eli Suli

Foto: Perel Schulkind y Yaacov Kopel en su boda en 1946

Cuando a principios de 1945, el ejército ruso se acercó a Auschwitz, los nazis comenzaron a evacuar el campo de la muerte. Entonces los prisioneros fueron obligados a marchar hacia Alemania, en lo que se conocería como la infame Marcha de la Muerte. Durante la marcha, los nazis disparaban a cualquier persona que se quedara atrás, o simplemente porque ya no podía caminar. Se estima que más de 15.000 judíos murieron en esa marcha. Sin embargo, una joven que había estado prisionera en Auschwitz pudo sobrevivir a la marcha, y fue trasladada a un campo de trabajo, en Neustadt Glewe, cerca de Frankfort, Alemania. Oficialmente ése era un “campo de trabajo”, pero ella estaba muy enferma, con tifus y ardiendo en fiebre. Apenas si era capaz de moverse, y no estaba en condiciones de trabajar. Entonces, la doctora Monsey, una amable mujer judía que estaba a cargo su habitación le dijo que fuera a la enfermería, ya que, si estaba registrada allí, estaría exenta de trabajar. La enfermería, quedaba a una corta distancia de sólo unos tres bloques de los cuarteles, pero en el estado en que se encontraba la joven, y con los pies hinchados, le llevó casi dos horas en llegar allí. Pero al llegar, vio a las mujeres enfermas tendidas en camas sin mantas, completamente sin ropas, y totalmente deshumanizadas, ya que cuando un paciente llegaba a la enfermería, los médicos se llevaban su ropa sucia que traían de prisioneros y la quemaban. Ella estaba muy débil, temblando de fiebre, con terribles dolores en sus pies, y hasta con miedo de que le dispararan. Aun así, no quería perder su dignidad, por lo tanto, decidió volver a su habitación a buscar su camisón que había “comprado” en Auschwitz a cambio de un poco de pan, mismo que había usado durante la Marcha de la Muerte. No había manera de que ella se acostará allí desvestida, así que dio la vuelta, y arrastró su cuerpo debilitado hacia el cuartel otras dos horas, para recuperar la preciosa prenda. Entonces al llegar, la doctora Monsey la vio y le sugirió que se acostara para descansar un rato, antes de regresar a la enfermería. Puesto que de todos modos la muchacha no tenía fuerza para moverse, tomó su consejo. Poco después, la doctora regresó, y le dijo que ya no había necesidad de regresar a la enfermería, porque los nazis acababan de vaciar el hospital matando a todos sus pacientes… Menos de un mes después, la joven fue liberada. Entonces ella expreso lo siguiente; “Los nazis se lo habían llevado todo… nuestros preciosos seres queridos, nuestros hogares, nuestro dinero, nuestra comida, nuestra salud, incluso nuestra ropa, joyas, ollas y sartenes. Se llevaron nuestros shuls, nuestras escuelas, todo nuestro estilo de vida. Tomaron nuestra confianza natural en que el mañana será básicamente como hoy, ellos tomaron nuestros planes y sueños, nuestras ideas de cómo se desarrollarían nuestras vidas. Pero habíamos sobrevivido, y ahora necesitamos reconstruir nuestro futuro”. Luego de un año y medio, en 1946, la joven se casó con Yaakov Kopel Schulkind, quien había sobrevivido a la guerra trabajando en la fábrica de Oskar Schindler. Incluso el Rebe de Klausenburger fue quien oficio su boda. Ella dijo: “De hecho, preparé toda la comida para mi boda y luego me puse un vestido de novia prestado. La boda fue algo triste, me iba a casar sin padres, sin hermanos, y sin familia. Esta no era la boda con la que sueñan todas las niñas, y aunque no había músicos, todos allí hicieron lo posible por alegrar a la pareja que se iba a casar completamente sola”. “Finalmente obtuvimos visas para ir a Estados Unidos. Llegamos a Nueva York en 1949, y nos instalamos en Williamsburg, para después mudarnos a Boro Park. Fui ahorrando y guardando un dólar a la semana, porque sabía que pronto llegaría la fiesta de Pésaj, y necesitaba comprar platos y ollas para la fiesta. Me alegré mucho cuando logré hacerlo, incluso tuvimos invitados para los Sedarim. Nuestro primer Pésaj en Estados Unidos fue como nuestra boda, estábamos felices de estar vivos y libres, pero había una frialdad en nuestras vidas, no teníamos familia. Sin embargo, pronto esa frialdad comenzó a descongelarse cuando fuimos bendecidos con dos maravillosas hijas: Jaya Sarah, y Fraidy”. “Pero a lo largo de los años, de a poco llegué a apreciar todo lo bueno de mi vida, y a enseñar a mis hijos y nietos a no quejarse de lo que falta, sino a apreciar todo lo que Hashem nos da, y a saludar a las personas con una sonrisa, incluso cuando el corazón esta triste. La joven de esta historia se llama Perel Schulkind, y aun hoy en día todavía vive rodeada de sus hijos, nietos y bisnietos. Perel Schulkind comento: “Ahora, casi 80 años después de perder a mi familia, Di-s me ha dado la posibilidad de celebrar muchísimos más Pésaj, y poder disfrutar junto a mis hijos, nietos y bisnietos. Ellos son los que le dan sentido a mi vida, porque ver a las generaciones, es seguir adelante con alegría y orgullo como Yehudi, por aquellos que fueron llevados”.

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