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¿Puedes aceptar cuando te has equivocado?

¿Puedes aceptar cuando te has equivocado?

Becky Krinsky

Que fácil es ver y señalar los errores de los demás. Difícil cuando el error recae en uno mismo, ya que entonces la visión se torna un poco más subjetiva, o casi evasiva. Los errores propios generalmente tienen una justificación mayor y de alguna forma, tienen un pasaporte un poco más amplio para ser conocidamente permisivos al juzgar con menos severidad los actos fallos.

Equivocarse es de humanos. Reconocer los errores es de personas sensibles y de gente que acepta que una equivocación no es una condena, ni un pecado. Una equivocación es una acción que invita a la reflexión de la cual se puede aprender y reparar para progresar sin acumular cargas innecesarias en el camino de la vida.

Todos los seres vivos en algún momento se han equivocado. Es un mito pensar que la gente inteligente no se equivoca. Todavía más peligroso vivir bajo la creencia de que el equivocarse es un símbolo de debilidad, ya que de hecho el reconocer que uno se ha equivocado, es una señal de fortaleza, humildad y deseos para poder progresar.

Cuando una persona reconoce que se ha equivocado, se hace una invitación personal para aprender una buena lección. Además de que se convierte en un ser más humilde y curioso para descubrir cosas que no conocía o que le llevaron a no obtener los resultados que buscaba.

De hecho, la persona que reconoce que se equivocó y acepta que no sabe o no actúa como debería es un individuo que tiene mayor seguridad y su autoestima es suficiente para que no se limite o se sienta de menos por desconocer o equivocarse al actuar.

El no admitir los errores propios sólo convierte a la persona en un ser rígido, perfeccionista e intolerable a los errores de cualquiera. Se siente constantemente criticado y amenazado.

Sin querer este comportamiento cierra la posibilidad al diálogo, cubre el miedo a exponer sus debilidades con críticas severas a los demás y, por lo tanto, inhibe su propio comportamiento para ser mejor persona.

Ser una persona perfeccionista o creer que nunca se equivoca, no implica que es una que hace su mejor esfuerzo para hacer las cosas correctas o debidas. Tampoco quiere decir que es una persona que busca excelencia o que tiene un comportamiento sano y acepta su personalidad.

No admitir los errores es ser un individuo que vive bajo su propia sombra, temiendo que sea encarado por otros por lo que alimenta su depresión, ansiedad y eventualmente deja de creer en el progreso y la innovación. 

La misma persona que pretende actuar como si nunca se equivoca, puede parecer alguien rígido e intolerante, o bien puede ser un individuo que reconoce sus errores con confianza y con integridad. Todo depende del lente con el que se vea la vida.

La receta

Aceptando los errores propios

Ingredientes:

Valor – cuando se reconoce la equivocación sin culpa, ni vergüenza

Humildad – aceptar que uno no es perfecto, ni necesita la perfección

Autocompasión- tratarse con respeto, benevolencia y deseos de mejorar

Apremio – prontitud para aceptar el error y corregirlo rápido

Confianza – tener fe en uno mismo, entender que todo se puede arreglar

Afirmación positiva para reconocer los errores personales

Puedo reconocer que me equivoqué sin condenarme. Mis errores no me definen, ni me limitan. Aprendo de mis errores. Estos me ayudan a crecer, a ser humilde, sensible y mejoran mis posibilidades para crecer. Acepto mis errores con entendimiento humano. Busco hacer las cosas bien y si eso implica equivocarme tengo la disposición para aprender y corregir con prontitud mis fallas.

Lo que se aprende aceptando de los errores personales:

1.     Cuando uno admite que se ha equivocado, y acepta el error sin justificarlo, logra el primer paso para crecer. Al reconocer que el error no es una condena, sino una acción que se puede corregir con prontitud y empatía mejora la autoestima y facilita las relaciones personales.

2.     Corregir los errores propios libera culpas y problemas con los demás. Cuando uno se responsabiliza por sus acciones, previene la culpa de otros y permite que la solución sea rápida y efectiva. Al mismo tiempo que se maneja la situación de forma efectiva, sin crear mayores tensiones alrededor.

3.     Las equivocaciones hacen a la persona más tolerante y menos crítica de los demás. Los errores nos recuerdan que nadie es perfecto. No es la crítica o encontrar al culpable sino aceptar que los errores se pueden y se deben aceptar, corregir sin condenar.

Equivocarse no es un pecado mortal. Reconocer, aceptar y corregir un error personal puede cambiar en un momento la dirección de toda una vida.

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Becky Krinsky | Coach de vida, autor y conferencista internacional  

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