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La fuerza de una palabra provocó una muerte

La fuerza de una palabra provocó una muerte

Rab Salo Michán M.

Había un Rab importante llamado Pinjas, que era hermano de Shmuel.

La hija de Pinjas murió y llegó Shmuel a consolarlo.

En ese momento, Shmuel preguntó a su hermano:

—Veo que tus uñas están muy largas; ¿por qué no te las cortas?

Le contestó Pinjas:

—Si tú estuvieras de luto, ¿te cortarías las uñas?

Cuenta el Talmud que en ese momento murió un pariente de Shmuel y por ello estuvo de luto…

¡Cuánto debemos cuidar las palabras que hablamos! ¡Las palabras tienen fuerza!

La fuerza de una palabra provocó su propia muerte

En septiembre de 1888 se inauguró el primer panteón de Petaj Tikva, en Israel.

Un hombre, totalmente sano, fuerte y joven, dijo lo siguiente:

—No me molestaría ser el primero que enterraran ahí.

Pasaron diez días y ese hombre falleció. ¡Fue el que estrenó el panteón, tal como él mismo lo dijo!

Esta historia está escrita en su lápida, que aún puede verse en el cementerio.

Yo vi esa foto y dice textualmente:

“El primer hombre que fue enterrado en este panteón fue Rab Nisim Leib. Un hombre bueno, que fue a vivir con su familia a Israel. Diez días antes de su muerte, mientras era un hombre sano y totalmente fuerte, dijo que no le molestaría ser el primero que enterraran en ese nuevo cementerio”.

¡Cuidado con lo que hablas!

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