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La paz requiere un contacto personal

La paz requiere un contacto personal

Rab Abraham Twerski

3 de diciembre de 2020

Por años Esav odió a Iaacob. “Esav albergó odio hacia Iaacob por la bendición que su padre lo bendijo” (Bereshit 27:41). En un intento por apaciguar a Esav, Iaacob envió mensajeros prodigando regalos a su hermano. Los mensajeros reportaron que los regalos no cambiaron la actitud de Esav. “El se dirige a ti con un ejército de 400 hombres” (ibid. 32:7).

Se cuenta que hubo una diferencia o desencuentro entre R’Shneur Zalman, autor del Tanya, y R’Baruj de Mezhibozh, el bisnieto del Baal Shem Tov. Varios intentos a través de diversos intermediarios no lograron una reconciliación.

R’Baruj dijo entonces: “La Torá nos dice que aún cuando los ángeles son los intermediarios no lograron deponer el odio que albergaba Esav contra Iaacob. Fue sólo cuando ambos hermanos se encontraron personalmente que Esav superó su sentimiento adverso. Cuando hay un antagonismo entre dos personas, los esfuerzos por traer paz entre ellos a través de otras personas en general son vanos. Los dos oponentes deberían encontrarse cara a cara para remover sus diferencias.

Muchas veces el hecho que a una persona no le guste otra tiene que ver con concepciones equivocadas de uno respecto del otro. Abraham Lincoln dijo una vez: “Conocer mejor a una persona puede eliminar tantos prejuicios”.

El Talmud dice: “No juzgues a una persona hasta que no estés en su lugar” (Ética de los Padres -Pirké Avot- 2:5). Aunque esto usualmente es entendido como que una persona debería retener la emisión de un juicio de valor hasta entender las circunstancias de la otra persona, también se puede tomar en forma literal:  No juzgues a una persona hasta que lo trates personalmente. Un encuentro cara a cara puede aclarar su comportamiento.

Un cambio absoluto en los sentimientos puede ocurrir cuando hay un vínculo directo entre las personas.

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