Sivan Rahav Meir
7 de diciembre de 2020
Una joven de un hogar religioso me contó cuán difícil le es separarse de las acusaciones que ella tiene en contra de la sociedad a su alrededor y de la Torá en sí.
Muchas personas tienen situaciones con su comunidad. Con el entorno en el cual crecieron, con los maestros, los padres. A veces ellos, de hecho, pasaron por muchas cosas difíciles. Pero entonces, por causa de lo que les ha pasado deciden botarlo todo, todo el paquete, inclusive D-s.
Para Iosef, en la porción de esta semana, existían todas las excusas y razones abandonar todo. Las personas más cercanas a él lo odiaron, lo tiraron a un pozo, lo vendieron. Él podría haber decidido romper con todo y también escribir un libro, filmar un documental y se entrevistado en todos los periódicos que publicarían en grandes encabezados sobre su deserción. Pero Iosef escogió de manera diferente.
A pesar del dolor, él no se deshizo de lo esencial: de su identidad, su judaísmo, de la misma situación en sí. Cuanto peor fue su situación, el simplemente siguió adelante, se elevó y su conexión directa con D-s aumentó. El llegó a Egipto, y en vez de ponerse bravo y querer vengarse, él vivió allí como un judío creyente, conectado y todo aquel que se encontraba con él sabía cuál era su fuerza interior.
La sociología, el entorno, los seres humanos -todo esto- no es todo. Más allá de las personas que realmente pueden cometer errores, hay también una verdad, a la cual Iosef no renunció.
















