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Sin público

Sin público

Sivan Rahav Meir 

Las pedidas en matrimonio, los cumpleaños, las bodas, todo es subido a la red. Es algo bonito y trae alegría el poder compartir con todos buenos momentos, pero en la porción de esta semana aparece un principio básico en relación con las cosas personales y las cosas públicas: 

Cuando nos dicen “la revelación en el Monte Sinaí” nos imaginamos cientos de miles de personas presentes, en un impresionante evento, recibiendo los Diez Mandamientos. Pero esta misma revelación condujo al pecado del becerro, y cuando Moshé vio el becerro de oro rompió las Tablas. Luego de pedir perdón y de haber sido perdonado empezó el proceso del recibimiento del segundo juego de Tablas. Y esta vez fue totalmente diferente. Elokim le dice a Moshé: “Asciende al monte Sinaí por la mañana y quédate allí parado, aguardándome en la cima de la montaña. Que nadie ascienda contigo ni nadie sea visto en todo el monte, tampoco debe haber ovinos o vacunos pastando frente a este monte”. Esta vez no hay público, esta vez somos sólo tú y yo. Y esta vez tiene éxito.  

Miles de años después nosotros seguimos esta segunda revelación, y no la primera. Rashi escribe sobre esto: “No hay cosa más bonita que la modestia”. En una época en la cual si hay algo y no lo has publicado es que no ha sucedido, la porción de esta semana nos recuerda que a veces si no lo has publicado es que has hecho mucho más. Has hecho algo eterno.

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