Sivan Rahav Meir
1-A cada minuto que pasa la Humanidad envía 70 millones de mensajes de Whatsap. A cada sesenta segundos, se generan más de un millón y medio de dólares en compras en línea, se envían alrededor de 200 millones de correos electrónicos y se suben 200,000 tweets en Twitter. He aquí algunos números más sobre la información que se comparte, en el preciso momento en que ustedes leen estas palabras: A cada minuto casi 700.000 historias se cargan en Instagram cada minuto y más de 500 horas de contenido se suben a YouTube.
Esta no es la autopista de la información, como todo esto había sido llamado antes. Es la Intifada de la información. Bienvenidos a la era del ruido. Nosotros producimos y consumimos más contenido que nunca y no tenemos la capacidad de rastrear, filtrar, concentrar, seleccionar, internalizar.
Una vez al año, se nos pide que paremos. La miztvá principal en Rosh HaShana no es la de comer la manzana con miel o la granada (hermosa costumbre) sino es la de escuchar el shofar. No es necesario hacer, crear, hacer ruido. Es necesario dejar que ocurra y escuchar. Inclusive la bendición que recitamos es especial: “Bendito seas Tú, HaShem nuestro D-s, Rey del universo quien nos ha santificado con Sus mandamientos y nos ha ordenado escuchar el shofar.”
En general se nos pide hacer algo: construir una sucá, encender las velas de Janucá, comer matzá. Ahora el mandamiento es callar un poco y prestar atención.
2- Okay, luego de que hemos escuchado, ¿ahora qué? El Rebe de Lubavitch solía publicar una carta en la víspera de Rosh Hashaná dirigida a todo el pueblo judío, con un mensaje que a su parecer era el más importante. Cierto año, advirtió que podríamos caer en el error de desperdiciar esos días especiales. Nos ocupamos de cuestiones globales, cuestiones generales, todo tipo de convocatorias ideológicas que no requieren que nadie haga nada. Ésta es nuestra excusa, argumentó, para no involucrarnos con el tema central del comienzo del año. Nuestro cambio personal, los arreglos a hacer en nuestra vida personal, las buenas decisiones que debemos tomar en relación con nuestra existencia. Los problemas del mundo y del país son importantes, y se puede hablar durante horas sobre la corona, los medios de comunicación y la política, pero también puede ser una buena excusa para salir de Rosh HaShana exactamente como hemos entrado, sin tomar decisiones concretas.
3- Por supuesto, esto no es una evasiva para no abordar los problemas mundiales. Todo lo contrario. En Rosh HaShaná en conveniente recordar la conocida frase jasídica: “En mi juventud me ardía un fuego y pensé en arreglar el mundo entero; cuando crecí, me desesperé de arreglar el mundo y pensé en arreglar a mis conciudadanos. Cuando me di cuenta de que esto tampoco era posible, pensé en corregir a mi familia, y cuando eso no funcionó, llegué a la conclusión de que tenía que corregirme a mí mismo. Cuando trabajé en mí mismo, mi familia se vio influenciada con ello, y con esto, todos mis conciudadanos y, el mundo entero”.
Que tengamos el privilegio de estar un poco en silencio y de escuchar. Que tengamos el privilegio de transformarnos a nosotros mismos y cambiar nuestro entorno.
















