Sivan Rahav Meir
En el Shabat de Jol HaMoed Pésaj se lee en las sinagogas una profecía especial: la visión de los huesos secos del profeta Ezequiel. Me parece que es una profecía fundamental en estos días.
El profeta Ezequiel ve un valle lleno de huesos humanos secos, esqueletos. Están sin vida, pero Di’s le dice: estos huesos seguirán vivos. Aquí todavía habrá piel, carne y tendones, y resucitarán. Estos huesos son el pueblo de Israel que fue al exilio después de la terrible destrucción, y el pueblo aún florecerá y ascenderá a la tierra.
Estas palabras fueron pronunciadas hace unos 2.500 años y son más relevantes que cualquier noticia de última hora o un destello. Piensen en un judío desesperado hace mil años en Polonia o Yemen, leyendo estos versículos y continuando a tener esperanza: “Y me dejó dentro del valle y éste estaba lleno de huesos… y entró en ellos el espíritu, revivieron, y se pararon sobre sus pies una legión muy grande. Entonces me dijo: Hijo del hombre, estos huesos toda la Casa de Israel son ellos… Pondré mi espíritu en ustedes, revivirán y los dejaré a ustedes sobre vuestra tierra.”
Y ahora, si están en Israel, miren a vuestro alrededor. No importa si están en casa, en la calle, en la ciudad, en un Moshav, en una estación de tren: vean alrededor esta profecía que comienza a hacerse realidad. Los huesos secos de todos los exilios vuelven a la vida.
Nuestros comentaristas explican que es así como todos nuestros sueños, nuestras esperanzas y buenos deseos se harán realidad. Nada muere ni se pierde, siempre hay una esperanza profunda de tener buenas noticias.
Shabat Shalom.
















