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Apreciar la vida entera de un individuo

Apreciar la vida entera de un individuo

Rabino Mordejai Weiss

La Torá nos enseña que si una persona encuentra en el campo el cadáver de un animal que no haya sido sacrificado correctamente, debe arrojarlo a los perros. A los judíos no se les permite comer la carne de un animal kosher a menos que haya sido sacrificado correctamente.

Nuestros Sabios comentan la extraña enseñanza de alimentar a los perros con dicho cadáver y explican que estos son los mismos perros que fueron entrenados para proteger a este animal, y como recompensa por su arduo trabajo y vigilancia, se les dio el cadáver para consumir.

La pregunta obvia es: ¿por qué debemos recompensar a un perro por un trabajo que no hizo bien? Después de todo, el perro falló esta vez y, por el contrario, no protegió a este pobre animal. ¿Acaso debemos recompensar el fracaso?

A esto nuestros rabinos comentan que, si bien esta vez el perro fracasó, en ocasiones anteriores había tenido éxito. En reconocimiento del bien que hizo en el pasado, recompensamos al perro con la carne del animal que no protegió. ¡Cuánto más cuando se trata de personas! Cuando uno observa los logros de un individuo, se nos exige que observemos el panorama completo, no sólo un incidente, y que le demos crédito a quien lo merece.

El mundo tal como lo conozco hoy representa una sociedad de “usar y tirar”. Compramos productos de papel o plástico y, cuando terminamos de usarlos una sola vez, los desechamos fácilmente. Las fábricas buscan constantemente formas de hacernos la vida más fácil y encuentran artículos fácilmente descartables para garantizar nuestra comodidad. En muchos casos, esta “doctrina de lo desechable” también ha entrado en la psiquis del público estadounidense y vemos que es la actitud que adopta la gente cuando reconoce la buena historia o el pasado de una persona.

Conocí a un hombre que fue tratado de esa manera. Yo acababa de llegar a Atlantic City y conocí a esta persona extraordinaria. Era alguien con una lealtad sin límites hacia la comunidad judía. Trabajaba en todas las juntas de la comunidad, en su sinagoga, en la Federación local, y daba tzedaká por encima de sus posibilidades. Trató de ser un ejemplo para la comunidad judía y en sus años de participación activa lo buscaban por sus cualidades de liderazgo.

Pero, como todo en la vida, se hizo mayor y su participación en la comunidad judía disminuyó. Lamentablemente, cuando murió, apenas hubo un minyán en su funeral. A la mayoría de la comunidad no le importó. A la mayoría solo le interesaba “¿Qué has hecho por mí últimamente?” y no el panorama más amplio de lo que este hombre había aportado a la comunidad judía.

El rey Salomón fue probablemente el rey más grande del pueblo judío. Había prosperidad para todos y su sabiduría era conocida en todo el mundo civilizado. Tuvo muchas esposas y en su vejez ellas lo hicieron descarriarse y adorar la idolatría. Existe una tensión entre nuestros Sabios al analizarlo. Sin embargo, escribió algunas de las obras más hermosas que se han incluido en nuestros textos sagrados. Aunque lo criticaron, nuestros Sabios tomaron en cuenta toda su vida y su sabiduría.

Esta capacidad de mostrar respeto por toda la vida y los logros de un individuo es esencial si queremos que nuestros hijos tengan respeto por nuestra historia y nuestros líderes pasados.

Pero esta cualidad es muy deficiente en los líderes de muchas de las llamadas escuelas modernas, federaciones y sinagogas. Allí se puede ver la mentalidad de nuestra sociedad descartable, en la que, lamentablemente, se trata a las personas como productos descartables sin tener en cuenta ni respetar lo que han logrado en el pasado para la organización, la comunidad o la escuela para la que trabajaron. Es un triste comentario sobre los niveles de nuestra decencia y sensibilidad, y exige nuestra atención y esfuerzos para corregirlo.

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