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Vaietsé: Leá, Yehudá y el primer Thanksgiving

Vaietsé: Leá, Yehudá y el primer Thanksgiving

Rab Yosef Bitton

Breve historia de un nombre

El pueblo judío no siempre se llamó así. En la Biblia hebrea o Tanaj aparecen tres nombres que definen nuestra identidad: Israel, hebreo y Yehudí, cada uno con un trasfondo propio.

Israel es el patronímico más antiguo. Somos Bené Israel, los descendientes de Yaacob, quien recibió el nombre Israel después de luchar y vencer a un ángel. ¿Por qué nos llamamos con el nombre de Yaacob y no nos llamamos, por ejemplo, el pueblo de Abraham o de Itsjak? La respuesta más sencilla es que de Abraham surgieron varias naciones, lo mismo de Itsjak. Pero los hijos de Yaacob, a pesar de haber pasado por conflictos muy profundos, terminaron unidos. De ellos surgieron las doce tribus y un solo pueblo: Bené Israel.

“El otro”

El segundo nombre es “hebreo” (Ivrí), que significa “el que viene del otro lado”, refiriéndose probablemente al otro lado del Éufrates, es decir, la Mesopotamia. Este término, que también tiene un significado cultural muy profundo, aparece referido a Abraham, Yosef, Moshé y otros descendientes del pueblo judío. Los egipcios llamaban a los israelitas “hebreos”. Incluso en las cartas de El Amarna —documentos egipcios del siglo XIV a.e.c., los más antiguos fuera de la Torá que mencionan a nuestro pueblo— se los identifica como habiru (“hebreos” en antiguo egipcio).

El tercer nombre, el más universal hoy, es Yehudí, y aparece mucho más tarde. Tras la muerte del rey Shelomó, el reino de Israel se dividió en dos: el reino de Yehudá, con capital en Jerusalem, y el reino de Israel, también conocido como el reino de “las diez tribus”, con capital en Samaria o Shomrón. Cuando los asirios invadieron Samaria en el año 720 a.e.c., las diez tribus fueron destruidas y exiliadas. Sólo sobrevivió el reino de Yehudá, que en español se llama Judea. Desde entonces fuimos conocidos como Yehudim, “judíos”. Así aparece en Meguilat Ester: Mordejai no es llamado hebreo ni israelita, sino Yehudí. Los griegos y los romanos también nos llamaron yehudim, y el territorio de Israel fue siempre conocido como Judea.

La raíz de yehudí

Pero hay algo más en este nombre. Aparte de su fascinante historia, el nombre Yehudí tiene un significado espiritual muy profundo. Y nació en un momento íntimo y especial que relata la parashá de esta semana, Vayetsé.

Yaacob llega a Jarán y se casa con Leá. Leá ya había tenido tres hijos, que era en cierta manera el número de hijos esperables. Recordemos que Sará tuvo un solo hijo y Rivká dos. Para Leá, tener tres hijos era la “evolución esperable” de la próxima matriarca. Pero, para su sorpresa y alegría, Leá da luz a un cuarto hijo y allí su alegría desbordó. En ese momento manifestó su sentimiento en palabras de agradecimiento a Dios. Leá declaró: “HaPaam odé et HaShem — Esta vez agradeceré a Di’s” y así surgió el nombre Yehudá, que significa literalmente: “A Di’s agradeceré”.

La raíz de Yehuda es yod–dalet–he que es la raíz de la palabra hebrea moderna Todá, gracias, y de la palabra hebrea Modé, te agradezco.

Ésta es la primera instancia registrada en la Torá en la cual alguien expresa verbalmente su agradecimiento a Dios. Esa emoción— quedó sellada para siempre en el nombre de su cuarto hijo. Y cada vez que Leá pronunciaba el nombre de su hijo, repetía su deseo y necesidad de agradecer a Di’s por la gran bendición que había recibido de Él.

¿Qué significa entonces “Yehudí”, más allá de consideraciones históricas?

En un mundo donde la espiritualidad suele “activarse” sólo en momentos de crisis, o conveniencia, donde nos olvidamos a diario del Creador aun cuando disfrutamos de Sus bendiciones, nuestro nombre propio yehudí nos debe recordar que la conexión más genuina con Di’s debe ser una relación de “gracias”, cuando no hay urgencias ni angustias.

Identidad judía

En los Estados Unidos, Thanksgiving ocurre una vez al año. En el pueblo judío, la gratitud es un acto diario. Desde Leá, que llamó Yehudá a su hijo para agradecer a Di’s, la identidad judía quedó vinculada orgánicamente a ese gesto.

Por eso, cada mañana, al abrir los ojos, la primera palabra que pronunciamos es Modé, “Te agradezco [Di’s]”: Modé aní lefaneja mélej jai vekayam —“Te agradezco, Di’s, por seguir con vida, por la oportunidad de este nuevo día que comienza”—.

La identidad de un Yehudí se define por este acto: comenzar el día con una palabra de agradecimiento a Di’s.

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