Sivan Rahav Meir
1 de diciembre de 2020
Revital, madre de ocho hijos pidió que compartiera el siguiente mensaje:
En la porción de esta semana Iaacov rechaza la invitación de Eisav de caminar juntos y su argumento es éste: “Yo iré a mi paso lento, al paso del trabajo que llevo por delante, al paso de los niños”.
Iaacov no corre en la vida hacia adelante con su hermano Eisav ya que tiene familia que criar y una percepción del mundo diferente, un ritmo diferente.
Cuando hay niños pequeños, hacemos las cosas despacio. Quien es responsable por almas tiernas y delicadas que lo acompañan necesita demorarse más.
En la antigüedad había muchas actividades que requerían tranquilidad. El trabajo en la tierra exigía que el hombre sembrara, esperara para darle el tiempo a la naturaleza que hiciera su parte. Muchas otras actividades requerían de paciencia y el hombre de éxito, en muchos casos, era el hombre moderado y no el precipitado.”
En el mundo digital, en la cultura de las actividades que exigen eficiencia, rapidez y agilidad el hombre de éxito es aquel que corre hacia adelante, que ahorra tiempo.
Nosotros nos acostumbramos a esto y entonces a menudo se nos hace difícil tratar de adaptarnos al ritmo de quien es más lento que nosotros, como por ejemplo los niños pequeños. En un mundo en el cual es difícil esperar 20 segundos hasta que consigamos bajar cierto archivo, nos es difícil esperar 5 minutos a un bebe que insiste en sacarse solo sus medias y zapatos. Pareciera ser que, en muchos momentos del día, el niño quisiera decirnos, aun sin emitir una palabra: “papi, mami, un poco más despacio”.
Vale la pena recordarnos este versículo: ’Y yo iré a mi paso lento’. Cuando Rashi explica la palabra ‘lento’, la define: con tranquilidad.
Esta es la palabra mágica que conviene que nos la repitamos a nosotros mismos de vez en cuando: tranquilamente.
















