Sivan Rahav Meir
Estuvimos en casa de mis padres en Herzliya en Shabat. El sábado por la mañana, pasamos por la escuela primaria “Lev Tov” donde yo estudié, y nos encontramos con la madre de alguien que estudió en un nivel arriba del mío. Ni siquiera recuerdo su nombre, pero en un segundo quedó claro que tenemos algo básico en común, y es el que nos conocemos desde hace mucho tiempo. Empezando por los recuerdos de las ceremonias que había en la plaza del colegio, pasando por el grupo de maestros y hasta el quiosco que había delante del colegio y que desde entonces está cerrado.
Más tarde, cuando hablábamos de Pésaj en la comida de Shabat, de repente pensé que Pésaj era como el pequeño encuentro con esta madre que conocía de antes, sólo que en una escala mayor: de hecho, todo el pueblo de Israel ya se conoce, porque estábamos todos juntos, en el éxodo de Egipto y frente al Monte Sinaí.
Por lo tanto, antes de todos los consejos y planes para la noche del Séder, debemos recordar lo principal: es una noche en la que tenemos la oportunidad de sacudirnos el polvo y recordar una experiencia compartida que está grabada en lo más profundo de nuestras almas. Esta experiencia nos conecta con todas las generaciones que ya no están con nosotros, y con todas las generaciones por venir, y por supuesto con todo el pueblo hoy. Es una reunión cíclica, desde la época del Éxodo de Egipto, desde el primer Pésaj, hasta el día de hoy.
Esta es la escuela donde aprendimos juntos las cosas más importantes.
















