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Janucá parece ser un Yom Tov muy desconcertante. No tenemos isur melajá, no tenemos jiyuv (obligación) de hacer una gran seudá. Podríamos pensar que los únicos momentos de importancia durante esta festividad son cuando encendemos la menorá o decimos Hallel en la sinagoga o al hanissim en el rezo y la oración. Pero Janucá es en gran medida un Yom Tov y abarca mucho más que los pocos minutos de encender las velas o Hallel y al hanissim.
El Levush nos dice que no se permiten elogios en Janucá, excepto en el caso de un talmid jajam que es maspid (elogiado) frente al Arón Kodesh. La razón de esto -explica- es que para que no seamos mesíaj da’as, nuestras mentes nunca se desvíen del espíritu de Iom Tov. Durante cada momento de cada día de Janucá, nuestras mentes deben estar absortas en pensamientos sobre este Iom Tov.
Es muy difícil pensar sólo en los pensamientos del día en Janucá, ya que, como hemos dicho, vamos a trabajar, no tenemos comidas festivas específicas, no hay rezos largos ni Kidush. Parece como si estos ocho días fueran días normales, excepto que, cuando volvemos a casa por la noche, encendemos la menorá. Y aunque en Purim tenemos una situación similar, donde no hay Kidush ni rezos extensos, tenemos mitzvot que son específicas del día. Tenemos las mitzvot de Meguilá, mishlóaj manot, matanot levionim y seudat Purim. Entonces, aunque podamos ir a trabajar en Purim, hay tantas mitzvot que hacer que nuestras mentes permanecen en el Yom Tov todo el día.
Janucá no tiene tales jiyuvim, aparte del encendido de la menorá, que se realiza al final de la jornada laboral. No tenemos mandamientos que nos ayuden a mantener Janucá presente en nuestra mente durante todo el día. Sin embargo, debemos entender qué es Janucá y entonces, tal vez, veremos qué nos está enseñando este Yom Tov y cómo podemos mantener estos pensamientos con nosotros durante los ocho días de Janucá, y también después.
El Rambam nos dice que las mitzvot ner Janucá son mitzvot javiva hi ad m’od, la mitzvá de encender las velas de Janucá es una mitzvá que es extremadamente preciosa. El lashón que emplea de ser precioso no se usa para describir ninguna otra mitzvot de nuestros Yomim Tovim. No dice esto sobre la mitzvá del lulav, ni sobre la matzá, ni sobre la sucá. Sólo el encendido de la menorá es una mitzvá preciosa ad m’od, extremadamente preciosa.
¿Por qué la luz de la menorá, algo de lo que no podemos derivar ningún beneficio personal, es considerada tan preciosa? El Rebe de Radamsker nos explica la razón. Decimos “Haneirot hallalu kodesh heim – Estas velas son sagradas”. La guematría de la palabra heim es igual a la de adam, que significa hombre. Por lo tanto, podemos sustituir la palabra adam por heim. “Kodesh adam – Una persona santa”. Al encender la menorá, una persona puede elevarse y llenarse de kedushá, santidad.
La recompensa por cumplir la mitzvá de Ner Janucá en forma correcta es realmente grande. Es algo por lo que luchamos todos los días. Es, hablando en términos generales, el objetivo de todo nuestro esfuerzo. La Guemará en Shabat nos dice: “Harguil ba’ner, heivin lo bonim Talmidei Jajamim – Quien sea cuidadoso con la mitzvá de Ner Janucá tendrá hijos que sean eruditos de la Torá”. ¡Esta es una gran recompensa en verdad! No dice esto sobre la mitzvá de comer matzá, ni lo dice sobre la mitzvá de tefilín o la mitzvá de tzitzit. Nuevamente, la Guemará nos está diciendo el secreto para lograr el objetivo por el que luchamos todos los días. Si enciendes la menorá, tu posteridad está asegurada: tus hijos tienen la garantía de ser talmidei jajamim. Por supuesto, comprendamos que hay más que esto, como explicaremos a continuación.
Todos sabemos que los Jashmonaim, después de limpiar el Beit Hamikdash de toda la idolatría que habían dejado allí nuestros enemigos, querían rededicar el Templo. Querían encender la menorá, pero no pudieron encontrar aceite que no hubiera sido impuro por los griegos. Después de buscar por todos lados, finalmente encontraron un pequeño frasco de aceite de oliva puro, sellado con el sello del Kohen Gadol. El aceite sólo era suficiente para encender la menorá durante un día, pero Hashem hizo un nes, un milagro, y el aceite ardió durante ocho días. Esta es la historia tal como todos la conocemos. Ahora veámosla y entendámosla más profundamente.
Estamos acostumbrados a tomar la historia de Janucá al pie de la letra. Recordemos que no existe tal cosa como la coincidencia. Hashem está a cargo y no hay nada que quede librado al “azar”. Entonces, ¿qué pasó con el resto del aceite? ¿Acaso Antíoco y sus hombres lo contaminaron por casualidad cuando trasladaron su ídolo al Beit HaMikdash? Ciertamente no fue un accidente. ¡Antíoco ordenó a sus hombres que impurificaran todo el aceite! Sin embargo, los israelitas lograron encontrar un pequeño frasco. Este frasco tenía el sello del Kohen Gadol. ¿Todos los frascos de aceite tenían el sello del Kohen Gadol? Después de todo, seguramente él no estaba en el negocio del kashrut. No dio su hesjser (sello) sobre el aceite común y diario (aunque era para uso en el Beit HaMikdash). Este aceite era el shemen hamishja, el aceite usado para ungir a los reyes. Este fue el aceite que encontraron. Antíoco ordenó a sus hombres que contaminaran todo el aceite para que el ner tamid que siempre arde en el Beit Hamikdash se apagara. Al contaminar este aceite en particular, Antíoco sabía que ganaría la guerra y destruiría a los judíos para siempre.
A lo largo de los años, los enemigos de Klal Israel han sido adversarios formidables. Nos han enseñado tremendos conceptos fundamentales. Nos han mostrado nuestros puntos más débiles. El Faraón nos hizo trabajar beavodat parej (en trabajos duros y agotadores) para que no tuviéramos tiempo de pensar en querer ir y servir a Hashem. Él sabía que, si estábamos demasiado ocupados con nuestro ser físico, no tendríamos tiempo para pensar en nuestro rujaniut (espiritualidad). Este es seguramente un punto débil que aún poseemos. Estamos tan involucrados en la monotonía y la rutina de la vida cotidiana que no tenemos tiempo para dedicarnos a nuestra espiritualidad. En el momento de Purim, Hamán le dijo a Ajashverosh que hay una nación, “M’fuzar um’furad bein Ha’amim – Hay una nación que está dispersa y separada”. No había ajdut entre los Bnei Israel. Y sabemos que, si los Bnei Israel no se mantienen unidos, nuestra caída es inminente.
De la misma manera, en Janucá, Antíoco intentó helenizarnos. Quería atraernos con las tentaciones de lo físico, con los juegos olímpicos, la belleza griega y la gastronomía. La contaminación del aceite representa la disminución de la luz de la Torá durante su época. Los santos Jashmanoim salvaron la situación al llevar la antorcha de la Torá y encender su chispa una vez más en los corazones de nuestro pueblo. De este modo, el resplandor de nuestras menorot representa la iluminación de la Torá y es cuando abrazamos este resplandor en lugar del resplandor del video, la televisión e Internet que podemos tener la seguridad de tener éxito en el gran ámbito de criar una generación de judíos de la Torá.
Que Hashem nos bendiga a todos con un hogar impregnado del espíritu de la Torá y maravillosas najas.
















