Sivan Rahav Meir
Esta semana, cuando paré en una gasolinera, una chica me detuvo, para que nos tomáramos un selfie. Estoy acostumbrada a que los adolescentes hagan muecas cuando se toman fotografías, haciéndose ver literalmente mal frente a la cámara. Esto proviene de una falta de confianza en uno mismo y de una imagen corporal problemática. Cierta vez alguien me dio una triste explicación para tal: “En lugar de que se rían de mí en las redes sociales, me río de mí mismo por adelantado”.
Pero esta semana, la chica de la gasolinera hizo algo que era nuevo para mí: sostuvo la cámara, me posicionó en el centro de la foto y ella se posicionó a un costado estrecho. Me moví un poco para darle espacio, pero ella se negó rotundamente a aparecer más en la foto. En la pantalla de su celular se veía su oreja y una pequeña parte de su ojo. Solo esto. Estaba claro que ella se avergonzaba de sí misma, de su propia presencia. Esto no refleja sólo su situación personal, más bien es un desafío general que ocurre en nuestros tiempos.
El Shabat pasado fue el día de recuerdo de la maravillosa poetisa Zelda. David Zvi Hillman era un muchacho joven, pariente suyo, que tuvo el privilegio de recibir de ella cartas personales. Mucho antes de la era de los selfies y TikTok, ella le escribió sobre la verdadera independencia espiritual, sobre la autoestima: “Fuiste creado para dar felicidad y recibir amor sagrado y kasher”, así le escribe Zelda al joven, en preparación para su Bar Mitzvah. No te equivoques por las circunstancias externas y pienses diferente de ti mismo. A veces pienso que el pecado más terrible y oscuro del hombre es pensar mal de sí mismo (a esto lo llamo mirarse a través de los ojos del prójimo, no a través de los ojos del Infinito). Y no hay humildad en esto en lo absoluto, sino más bien hay debilidad y escape de lo que es edificar la vida, que, creo, es uno de los fundamentos del judaísmo. Ama lo Divino que hay en ti y tus talentos, que son una gota de la fuente de la eternidad. Creo en tu fuerza y en tu futuro… La vida puede y debe ser preciosa y gloriosa.”
Si encontrara a esta chica del selfie, le leería estas palabras.
En la Parashá de esta semana está escrito: “Y amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Incluso antes de amar a los demás, hay aquí una premisa clara y obvia: que una persona se ame a sí misma.
















