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La psicología de la verdadera teshuvá

La psicología de la verdadera teshuvá

Chayi Hanfling, LCSW

A veces me gusta preguntar a la gente quién es la persona en su vida que más les ayudó a crecer y a convertirse en la mejor versión de sí mismos. Nunca nadie ha respondido con la persona que los criticaba sin cesar o les señalaba constantemente sus defectos. Son quienes nos aman y aceptan incondicionalmente quienes nos ayudan a desarrollar nuestro potencial. Sin embargo, rara vez dirigimos ese mismo amor y aceptación hacia nosotros mismos. En cambio, creemos que nuestro crítico interno nos mantendrá a salvo, manteniéndonos a raya y protegiéndonos del fracaso y el rechazo.

Pero la crítica interna no crea la vida perfecta que deseamos. En cambio, genera ansiedad, evasión, inseguridad y perfeccionismo. La autocrítica a menudo mina la motivación porque el fracaso se siente insoportable. Restringe a las personas, refuerza la vergüenza y bloquea el crecimiento. Esto no significa que debamos ignorar nuestras faltas o dificultades. De hecho, es más fácil reconocer los defectos en el contexto del amor propio que en el de la auto vergüenza. Cuando admitir un error se siente como una prueba de indignidad o de no ser digno de amor, se convierte en una amenaza existencial de la que nos protegemos a toda costa. Por el contrario, la consideración y la aceptación positivas incondicionales brindan la seguridad para admitir errores y crecer.

¿Cómo podemos, entonces, fomentar la autocompasión ante la autocrítica? Primero, es útil comprender que el crítico interno no es nuestro enemigo, sino un protector con tácticas anticuadas: sobrecargado de trabajo y mal pagado. Si lo abordamos con curiosidad y compasión, podemos construir una relación en la que aprenda a confiar en nosotros para procesar los resentimientos y desenvolvernos en el mundo. Cuando una parte de nosotros se siente profundamente comprendida, se vuelve menos rígida y más abierta a nuevas formas de ser.

En segundo lugar, debemos comprender que la aceptación y el cambio no son opuestos. Forman una dialéctica: dos verdades que se alimentan mutuamente. Cuando me acepto, me animo a intentar cambiar. Cuando intento cambiar manteniendo la aceptación, puedo experimentar y fracasar sin caer en la vergüenza. Suena así: “Te acepto tal como eres y creo que puedes crecer y mejorar”.

Una práctica sencilla puede hacer esto realidad: la próxima vez que notes a tu crítico interior, haz una pausa y pon suavemente la mano sobre tu corazón. Dite a ti mismo: “Sé que intentas protegerme. Gracias. Puedo con esto”. Luego pregúntate: “¿Qué me diría un amigo cariñoso ahora mismo?”. Este pequeño cambio siembra las semillas de la autocompasión.

Esta dinámica no es sólo psicológica, sino profundamente espiritual. El mes de Elul, los Yamim Noraím y el Aséret Yemei Teshuvá son momentos dedicados a la introspección, la teshuvá y el crecimiento. A veces nos autoflagelamos, confundiendo la vergüenza con el cambio. Pero ese ciclo nos mantiene estancados. La teshuvá no es obra de una crítica interna descontrolada. Es un retorno al Ser puro y prístino, la neshamá, que permanece intacta en nuestro interior.

La aceptación no significa complacencia. No es excusa para ignorar nuestros defectos ni evadir la responsabilidad. Al contrario, cuando nos aceptamos como amados y dignos, encontramos la fuerza y ​​el coraje para realizar el verdadero trabajo de teshuvá: afrontar nuestras deficiencias con honestidad, asumir la responsabilidad y elegir de forma diferente. La autocompasión no consiste en bajar el listón; es lo que nos permite superarlo.

*Chayi Hanfling es una trabajadora social clínica licenciada con amplia experiencia y pasión por ayudar a individuos, familias y parejas. Se especializa en terapia de pareja, terapia de transferencia electrónica (TEF), salud femenina, manejo de la ansiedad, TOC, trauma y otros problemas de salud mental.

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