Al estallar la guerra de junio, los servicios de inteligencia israelíes lanzaron discretamente una de las operaciones más audaces en la historia del Mossad. Según un nuevo informe del Canal 13, la agencia desplegó a unos 100 agentes extranjeros en Irán, encargados de inutilizar los lanzadores de misiles y sistemas de defensa aérea más avanzados de Teherán.
Los agentes —ninguno de ellos israelí— habían sido entrenados en secreto durante meses para operar sofisticadas plataformas de misiles de cientos de kilogramos. Introducidas de contrabando pieza por pieza en Irán y ensambladas bajo las narices del aparato de seguridad del régimen, las armas se utilizaron contra la infraestructura de misiles balísticos y las baterías antiaéreas de Irán en los primeros días de la guerra.
La magnitud de la operación es lo que la distingue. Los veteranos de inteligencia la describen como una operación sin precedentes, tanto en complejidad como en riesgo: el Mossad no solo reclutó e infiltró a decenas de agentes extranjeros en territorio hostil, sino que también los entrenó para dominar sistemas de armas avanzados y así atacar con precisión al estallar el conflicto.
Todo parecía indicar que la apuesta dio sus frutos. La capacidad misilística iraní se vio gravemente degradada al inicio de las hostilidades, lo que le dio a Israel tiempo crucial para frenar la embestida.
El alcance completo de la misión permanece envuelto en secreto, pero incluso los detalles limitados indican que este fue el mayor ataque encubierto jamás realizado por el Mossad dentro de la República Islámica, una jugada audaz que puede haber cambiado la trayectoria de la guerra antes de que comenzara.
















