Sivan Rahav Meir
¿Cuántos sonidos hemos escuchado este año? ¿Cuántas opiniones, palabras, ideas, publicaciones, videos? ¿Cuánto ruido? ¿Cuántas cosas verdaderas y buenas, y cuántas tonterías, cosas aterradoras y negativas? Llegó el momento de guardar silencio. Hace décadas, en una carta enviada al público antes de Rosh Hashaná, el Rebe de Lubavitch pidió: un poco de silencio. Cuidado, no desperdicies Rosh Hashaná en política, noticias y lo que hay de nuevo. Enfócate, en estos dos días, en aquello en lo que realmente tienes un impacto inmediato: en tu carácter personal, en tu conexión con Di’s. Aquí está el mensaje:
“Los días de Rosh Hashaná son días grandiosos y sublimes, pero en muchos lugares se usan para discutir los problemas globales y las noticias. Se transmiten mensajes que no comprometen personalmente a nadie. Se habla de “asuntos importantes”, de los problemas del mundo, cuando en la mayoría de los casos no tenemos influencia en ellos. Pero ésta es una excusa conveniente para no prestar atención a la autorreflexión, al examen de conciencia que debemos hacer en Rosh Hashaná, para no involucrarnos en áreas donde precisamente tenemos plena influencia sobre los resultados”.
Y aquí nos recuerda cuál es la mitzvá, el mandamiento central de Rosh Hashaná: tocar el shofar. El martes y el miércoles, escucharemos los sonidos del shofar, no sin antes decir una bendición y luego guardar silencio. Desafortunadamente, en Israel hemos escuchado muchas alarmas este año. Pero aquí hay otro tipo de alarma, una alarma de esperanza:
“El shofar es el único mandamiento verdaderamente obligatorio hoy. Al tocarlo, entronizamos a Di’s sobre el mundo entero y sobre nosotros personalmente. Cambiamos el rumbo de nuestra vida para mejor. Que cada hombre o mujer aproveche estas horas sagradas, durante los dos días de Rosh Hashaná, para el despertar de su alma, y no para lidiar con los problemas generales del mundo y del país”.
¡Amén! Les invito a que busquen dónde se toca el shofar más cerca de donde viven, en una sinagoga, un Beit Jabad, un parque o un centro comunitario del barrio. Que no “desperdicien” estas 48 horas con el ruido exterior. Que escuchemos el sonido del shofar, que es el sonido de nuestra alma divina.
¡Feliz Año Nuevo!
















