Sivan Rahav Meir
“¿Quién quiere celebrar el primer Shabat del año juntos en un hotel de Jerusalem?”
La organización “Conexión Judía” publicó esta pregunta, y en 48 horas se habían registrado 250 israelíes, la mayoría de los cuales querían cuidar el Shabat por primera vez en sus vidas. “Podríamos haber registrado a mil personas”, me dijeron los organizadores. “Había mucha gente interesada”.
Tuve el privilegio de estar con ellos, de hablar y, sobre todo, escuchar. La noche del Shabat, después de encender las velas, Osnat, de Tel Aviv, comentó que se había separado de su celular por primera vez en su vida y que a cada minuto entraba en pánico y creía que había perdido su celular. Entonces se recordaba que el celular estaba en su habitación.
En Shabat por la mañana, Osnat dijo que nunca había tenido una mañana como ésta. Se despertó con una respiración profunda y tranquila y con un sentido de gratitud, con satisfacción y paz mental, sin notificaciones, mensajes ni interrupciones.
El rabino Israel Goldwasser, quien dirigió el Shabat, dijo con sinceridad: “Tengo envidia. No tengo esta experiencia de renovación, y éste es el trabajo de estos Diez Días de Arrepentimiento, entre Rosh Hashaná y Yom Kipur. Cada uno de nosotros, en cada nivel y situación que esté, necesita encontrar nuevas fuerzas dentro de sí, para mejorar, para seguir adelante”.
En otras palabras, no se trata solo de Osnat, sino de todos nosotros. Hay quienes lo hacen a pasos agigantados y hay quienes que, para ellos se trata de haber mejorado algo pequeño, que ni siquiera puede ser percibido externamente. Lo principal es seguir adelante. Éste es el momento.
















