Sivan Rahav Meir
¿Será que nosotros sabemos cómo establecer límites? ¿Tenemos el valor de decir “no”?
En la Parashá de esta semana, estamos acostumbrados a hablar de la hospitalidad de Abraham. Durante miles de años, hemos aprendido sobre su tienda, la cual estaba abierta a todo huésped, sobre cómo corrió tras tres desconocidos sólo para darles comida y bebida.
Todo esto es cierto e importante, pero aquí no hay que pasar por alto un pequeño pero significativo detalle: Abraham les pide a los huéspedes que se laven los pies antes de entrar a la tienda. Rashi explica que nuestro antepasado Abraham pensaba que éstos eran idólatras que se inclinan frente al polvo de sus pies, y tuvo el cuidado de no introducir la idolatría en su hogar bajo ninguna circunstancia.
Aquí hay un gran mensaje sobre el equilibrio: por un lado, hay la cercanía; por otro, la distancia. Por un lado, está el dar, cuidar, acoger, amar y abrirse al mundo. Por otro lado, Abraham, nuestro Patriarca, no se deja confundir, establece límites claros y firmes. Sabe cuándo distanciarse y de qué debe cuidarse, y asegurarse para que, Di’s no lo quiera, una cultura de idolatría no entre a su tienda bendecida, ni a la de nuestra Matriarca Sara.
Esta semana, Abraham nos enseña que, junto con la acción positiva, la ayuda, la generosidad y la aceptación, debe haber límites, debe haber discernimiento. Qué es apropiado y hace parte de nosotros, y qué no estamos dispuestos a aceptar. Todos están invitados a reflexionar sobre dónde están sus límites. Qué es lo que no permitirán que entre en su hogar, su corazón y su mente.
















