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La importancia del ejercicio en el judaísmo

La importancia del ejercicio en el judaísmo

Rabino Zamir Cohen

Los músculos del cuerpo están diseñados para moverse y funcionar correctamente. Un músculo que permanece inactivo durante mucho tiempo acabará degenerando y perdiendo su función. Cuando los músculos se ejercitan, se fortalecen, se revitalizan y se regeneran, en lugar de debilitarse o desgastarse. Por lo tanto, Maimónides considera el ejercicio físico como una de las condiciones más importantes para mantener un cuerpo sano. Esto es lo que dice en el Séfer Hamadá[1]

Han dado otro principio con respecto al bienestar físico: mientras uno haga ejercicio, se esfuerce mucho, no coma hasta saciarse y tenga una buena evacuación intestinal, no enfermará y se fortalecerá. [Esto se aplica] incluso si consume alimentos perjudiciales. [Por el contrario,] quien sea ocioso y no haga ejercicio, o no evacue cuando lo necesite, o sufra de estreñimiento, aunque se alimente correctamente y siga las indicaciones médicas, padecerá dolores durante toda su vida y su fuerza se irá debilitando.

Cuando Maimónides habla de “ejercicio”, no se refiere necesariamente al tipo de ejercicio que hacemos hoy en día. Habla de actividad física en general, por lo que si el trabajo de una persona incluye labores físicas que activan todo su cuerpo, no se le exige un esfuerzo adicional. Sin embargo, quien no trabaja en este tipo de labores físicas debe dedicar tiempo al ejercicio. No necesita ejercitarse de forma extrema; basta con realizar ejercicios que rejuvenezcan y fortalezcan todos sus músculos. Esto, en última instancia, le dará la energía necesaria para servir a Di’s.

Maimónides, quien compiló las catorce partes del Yad Hajazaká (y enumera las leyes asociadas con el servicio espiritual de Di’s), sintió la necesidad de explicar por qué incluyó la parte que trata sobre la salud física. Escribe lo siguiente: [2]

Puesto que mantener un cuerpo sano y fuerte es uno de los caminos de Di’s —pues uno no puede comprender ni tener conocimiento del Creador si está enfermo—, por lo tanto, debe evitar aquello que daña el cuerpo y acostumbrarse a aquello que es saludable y ayuda a fortalecerlo.

Hay muchas oportunidades en la vida para cumplir con esta Mitzvá. Por ejemplo, quien llega temprano a una cita suele buscar el lugar de estacionamiento más cercano, incluso puede discutir con otro conductor por él. Pero lo cierto es que, si llegamos temprano a una reunión y no tenemos prisa, deberíamos estacionar un poco más lejos y aprovechar para ir caminando. Lo mismo ocurre con el ascensor. Hay quienes esperan mucho tiempo sólo para subir un piso. En cambio, una persona sensata aprovechará el momento y subirá por las escaleras para ejercitar los músculos, y si el tiempo no es un problema, debería usarlas aún más. 

Hoy en día, sin embargo, no nos movemos lo suficiente. El auge de la tecnología ha reemplazado muchas de nuestras tareas físicas, haciendo que nuestras actividades diarias sean insuficientes para mantener nuestra salud física. Por lo tanto, se deben implementar rutinas de ejercicio. Dedicar un poco de tiempo al ejercicio cada día puede brindar los resultados necesarios. Sin embargo, ¡la idea de ejercitarse para moldear y diseñar el cuerpo como un fin en sí mismo debe ser erradicada! Esta mentalidad es completamente falsa y abre la puerta a todos los deseos mundanos. En cambio, uno siempre debe recordar que un día este cuerpo volverá al polvo, como afirma la Mishná: [3]

Sepa de dónde viene, adónde va, etc. ¿De dónde viene? De una gota pútrida; ¿adónde va? A un lugar de polvo, gusanos y larvas…

La cultura griega, que rechazaba el concepto del alma, fomentaba la idea de que el cultivo físico debía ser la máxima aspiración. Fue la cuna de todo tipo de deportes (la palabra “deporte” proviene de Esparta, la ciudad griega donde se originó) y relegó el espíritu para centrarse exclusivamente en el cuerpo. Sin embargo, en el judaísmo, el ejercicio físico debe realizarse únicamente por motivos de salud. La función del cuerpo es servir como un receptáculo fuerte y sano para el alma. Su propósito es ayudar al alma a afrontar los desafíos y a moldear su mundo espiritual.

Concluiremos este capítulo con las palabras de Maimónides, quien garantiza que todos aquellos que sigan estas pautas tendrán una vida larga y saludable (a menos que hayan nacido con problemas de salud, ya hayan dañado su salud o hayan sufrido daño previo por una fuerza superior). Estas son sus palabras: [4]

Quien se comporte según las normas que hemos establecido, le garantizo que no enfermará en toda su vida hasta que llegue a una edad avanzada y muera. No necesitará médico. Su cuerpo se mantendrá sano y fuerte durante toda su vida. Esta garantía es válida salvo que su cuerpo estuviera dañado desde el nacimiento, que tuviera hábitos nocivos desde su nacimiento o que haya una plaga o una sequía en el mundo.

Notas y fuentes

[1] Rambam Hiljot Deot 4:14-15

[2] Rambam Hiljot De’ot 4:1

[3] Abot 3:1

[4] Rambam Hiljot De’ot 4:20

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