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Educación: Saber acompañar

Educación: Saber acompañar

Una de las reglas básicas en educación es brindar apoyo, pero dejando espacio para el aprendizaje a través del ensayo y error. Darle demasiada libertad al niño crea una brecha entre las instrucciones de los padres y su obligación de ponerlas en práctica. Por otro lado, la dependencia total de los padres lo acostumbra a responder de forma mecánica, según la voluntad de estos, sin que interiorice lo aprendido ni lo lleve a cabo de manera consciente e independiente. Por consiguiente, es importante dejarle siempre al niño cierto margen para afrontar los desafíos de la vida por sí mismo, de modo que pueda aplicar lo que sus padres y maestros le han enseñado.

Por ejemplo, cuando un niño pide ayuda con la tarea y tiene dificultades para prepararla, sus padres deben tomar la iniciativa e intervenir. No deben dictarle las respuestas, sino ayudarlo a encontrarlas rápidamente dándole una pista o mostrándole dónde buscarlas. Si la habitación del niño está desordenada y no puede ordenarla solo, la madre no debe hacerlo por él, sino ayudarlo a ordenarla juntos. Un padre no debe llevar a su hijo en coche adonde quiera ir, sino ayudarlo a encontrar la manera de llegar a su destino por sí mismo. Todo esto debe hacerse, por supuesto, de acuerdo con la edad y la capacidad del niño. Incluso al desarrollar sus habilidades de pensamiento, es importante asegurarse de que pueda pensar por sí mismo. Aquí un extracto del maravilloso libro “La tienda de Jacob y Lea”:

Un padre debe responder a las preguntas de su hijo, y no simplemente decirle: “Lo entenderás cuando seas mayor”. La curiosidad infantil es la chispa que enciende la búsqueda de conocimiento en el adulto. Cuando un niño crece en un entorno extraño y confuso, su mente comienza a apagarse y el conocimiento se vuelve innecesario en su vida. Si más adelante pierde el interés por sus estudios, no debería sorprendernos. El desarrollo de su mente comienza en la infancia. Se le deben dar explicaciones sencillas sobre las cosas que le preocupan. Debe estar informado de los acontecimientos que ocurren a su alrededor y no ser conducido a través de un mundo nublado y oscuro. Un niño se siente profundamente conectado con la felicidad, o Dios no lo quiera, la tristeza que experimenta su familia, y desea comprender su significado. Si no se le brinda al niño un sentido de participación a través de la explicación y el diálogo, sus sentimientos se ven profundamente heridos y se crea una peligrosa distancia entre él y sus educadores.

Cabe señalar que, si bien es fundamental mantener a un niño alejado de malas influencias donde abundan el lenguaje obsceno o la vestimenta indecorosa, etc., si por accidente se expone a tal indecencia, se debe aprovechar la situación para fortalecerlo. Esto se puede lograr mediante palabras breves pero firmes que expresen desaprobación y rechazo total a esta vulgaridad, recordándole que nosotros no hablamos así y que elegimos mantener la pureza y la santidad en nuestro lenguaje. En cuanto a la vestimenta, conviene mencionar la virtud del ser humano en contraste con los animales. Cuanto más se conecta una persona con su humanidad, con mayor recato siente la necesidad de vestirse. A la edad apropiada, sería pertinente enseñarle al niño que la palabra “l’vush” (vestir) se puede leer como “lo bosh” (sin pudor), ya que una persona que mantiene su dignidad humana y no se rebaja al nivel animal se avergüenza de andar con partes de su cuerpo expuestas. Su l’vush (vestido) lo libra de la vergüenza – lo bosh.

Debido a las posiciones de prestigio que ocupan en el mundo, las mujeres deben tener especial cuidado con esta cualidad, ya que incluso algunas mujeres no judías evitan vestir de forma inmodesta y consideran que esta forma de vestir es una vergüenza para la dignidad humana.

Si esto es cierto para algunas mujeres no judías, con mayor razón para una mujer judía, como se dijo (Tehilim 45:14): “Toda princesa honorable reside en su interior”. Y no hay que preocuparse por burlarse de la vestimenta inmodesta, ya que entra en la categoría de “Toda broma está prohibida, excepto cuando se trata de idolatría; entonces está permitida” (Meguilá 25b).

Por otro lado, cuando un niño se encuentra con un judío que profana el Shabat, se le debe enseñar a considerarlo ignorante y no permitirle burlarse de él. Se le debe explicar que, lamentablemente, algunos judíos nunca recibieron educación formal y, por lo tanto, desconocen la importancia del Shabat para Di’s. También desconocen lo placentero y eternamente gratificante que es para quienes lo observan según la ley judía o, por el contrario, cuánto pueden perder al profanarlo, tanto en este mundo como en el venidero.

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