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¡Sí, cavar!

¡Sí, cavar!

Sivan Rahav Meir

En una generación donde “cavar” es una palabra ofensiva, Parashat Toldot que leímos en Shabat, nos invita a cavar. No en el sentido de insistir ni molestar, sino de manera similar al significado original de la palabra: profundizar en la tierra, extrayendo cada vez una capa tras otra, hasta alcanzar el objetivo: encontrar agua viva y fresca.

La Parashá cuenta que nuestro Patriarca Itzjak cavaba pozos; los filisteos los tapaban, pero él no se rendía y continuaba cavando hasta que tuvo éxito y trajo bendición al mundo. ¿Por qué es tan importante este detalle? Nuestros comentaristas explican: No se trata sólo de arena y agua, sino de una forma de ver el mundo. Quien se esforzaba por tapar los pozos de Itzjak quería bloquear su mensaje: quería que todo fuera plano, sin profundidad.

El poder de la superficialidad es grande inclusive en nuestros días: es un intento de acostumbrarnos a una vida unidimensional, sin esforzarnos por alcanzar una fuente de agua viva, sin quitar las capas que la cubren. Sin ver lo que hay debajo de la superficie.

La excavación de los pozos en la Parashá es el mensaje que Itzjak, nuestro Patriarca nos dejó a cada uno de nosotros: cuán importante es saber que hay profundidad en el mundo y cuan primordial es el eliminar todas las cáscaras, las capas e hipocresía. Ésta es también la razón por la que nuestra Torá se compara con el agua, porque para alcanzar su dulzura, uno debe esforzarse, cavar más profundo y ahondar. Nuestra alma también a veces está cubierta de tierra y polvo, pero debemos cavar y no desesperarnos, hasta que alcancemos el bien interior.

Mucha suerte con las excavaciones.

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