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¡Nos fortalecemos!

¡Nos fortalecemos!

 Sivan Rahav Meir

Últimamente, junto con las encuestas políticas —pasajeras— aparecen constantemente otras encuestas que se ocupan de procesos más profundos: desde el 7 de octubre, los israelíes se están fortaleciendo. Los judíos del mundo se están acercando a su herencia. Y, sobre todo, la juventud se está conectando con sus raíces.

Ya no se trata solo de que “los restaurantes se vuelven kosher”. Ahuva Turgeman, directora general del grupo BBB, contó recientemente que, además del público que exige un certificado de kashrut, hay otro motivo por el cual cada vez más sucursales se apegan a las normas del judaísmo: “Muchos jóvenes simplemente no quieren trabajar en Shabat”. Es decir, no sólo hay menos compradores, sino que también hay menos vendedores.

Esta historia es el verdadero titular de esta época, y en la porción semanal es posible encontrar una explicación para ello, justamente después de la guerra:

En la Parashá de Vaishlaj, Yaacov, nuestro patriarca se encuentra con un enemigo misterioso. Dicho enemigo llega cuando Yaakov está solo, en la oscuridad de la noche, lucha con él y lo hiere en la pierna, en el nervio ciático. Aun herido Yaakov, logra sobreponerse, y al final de la lucha el enemigo le da un nombre nuevo, nuestro nombre hasta hoy: Israel. El enemigo desaparece y Yaakov continúa su camino, cojeando, pero vivo y bendecido con un nombre nuevo y fuerzas renovadas.

Hasta aquí, un relato histórico. Pero ahora la Parashá añade algo práctico, algo eterno: desde aquel evento —así está escrito— los judíos no comen el nervio ciático. Se trata de una ley, parte de las normas de kashrut, la cual es vigente hasta el día de hoy. Una lucha histórica transcendental, en la cual nos convertimos en el pueblo de Israel, está relacionada con los platos de comida que pronto se estarán sirviendo en el grupo BBB, más de 3.000 años después.

Nuestros comentaristas explican que aquí hay una idea profunda: no sólo contamos historias emocionantes, sino que las convertimos en instrucciones prácticas. Las incorporamos a la vida cotidiana. Miren la noche del Séder: matzot, cuatro copas, la Hagadá de Pésaj. No sólo hablamos de libertad; comemos y bebemos lo que la simboliza.

Por cierto, a partir de la historia de Yaacov, los chinos llaman al judaísmo “la religión de la extracción del nervio ciático”. El antiguo pueblo chino parece comprender el secreto de nuestro antiguo pueblo: traducimos los grandes eventos en detalles pequeños.

Lo que sucedió el 7 de octubre, el cual es considerado como el ataque más asesino ocurrido desde el Holocausto fue un acontecimiento terrible, estremecedor, que rompe cualquier calificación. Como Yaakov, fuimos heridos y salimos cojeando. Dos años después, muchos reaccionan como en la historia de Yaakov en la Parashá. Te invito a pensar dónde este principio te encuentra a ti, en tu vida.

Shabat Shalom.

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