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Vayishlaj: Ni la espada de Esav ni la mano de Esav

Vayishlaj: Ni la espada de Esav ni la mano de Esav

Rab Yosef Bitton

Ya’akob Abinu regresa a Erets Israel después de 20 años. Tiene muchas dudas. Una de esas dudas es si su hermano Esav aún le guarda rencor. Recordemos que 20 años atrás Esav decidió matar a Ya’akob (Gen. 27:41). La pregunta del millón ¿Seguirá Esav odiando a Ya’akob, 20 años después?

Ya’akob no puede estar seguro. Y se prepara para lo peor: enfrentar militarmente a Esav. También manda mensajeros a llevarle un generoso regalo a Esav. Para desmotarle que, de su parte, no hay rencores. Y también reza a HaShem. En esa Tefilá nos damos cuenta de que Ya’akob no solo temía por su vida y la vida de su familia. Ya’akob también temía la integración con Esav. El “judaísmo” de ese entonces, la creencia en un único e invisible Di’s, no era lo que practicaba Esav y su familia. Ya’akob sabe que la integración con Esav implicaría el final del camino de Abraham Abinu.

Entonces Ya’akob formuló una Tefilá que resuena tan relevante en nuestros días. Ya’akob le pide a HaShem que lo salve “de la mano de su hermano; de la mano de ESAV”. Esta Tefilá es un poco misteriosa porque aparentemente es innecesariamente repetitiva. Ya’akob tenía un solo hermano: ESAV. Hubiera alcanzado con que Yaa’kob dijera: “Sálvame de la mano de Esav” o “Sálvame de la mano de mi hermano”.

La lucha de Ya’akob con Esav es la misma lucha que libran los descendientes de Ya’akob con las descendientes de Esav.

Esav a veces aparece como el enemigo de Ya’akob o Israel. Esta actitud de Esav se llama “antisemitismo” y viene en todos los tamaños y colores. No conoce fronteras de tiempo ni geográficas. Puede ocurrir en una parada de autobuses en Tel Aviv, en un supermercado de Guivat Shaul o incluso dentro de una Sinagoga en Har Nof. Pero la espada de Esav no sólo mata en Israel. También ataca en Francia, Bélgica, Argentina o Estados Unidos.

Anticipando esta actitud de Esav, Ya’akob le pide ayuda a HaShem para liberarse Esav, de su espada mortal.

Pero ¿Qué significa, “Sálvame de la mano de mi hermano”?
Esav no siempre se muestra como el enemigo de Ya’akob.
¿Qué pasa si Esav me recibe amistosamente, se pregunta Ya’akob, y me invita a vivir con él? Al fin y al cabo, somos hermanos….

Ya’akob sabe que las dos opciones, la espada de Esav y la mano abierta de Esav, lo van a llevar a un resultado muy parecido. Su perdición. Física o espiritual.  Porque si Esav “lo perdona” y no lo mata, va a querer que Ya’akob viva con él, y entonces, inevitable, la Torá de Abraham y de Itsjak desaparecerá por completo.

HaShem intervino en el corazón de Esav. Y (¿a último momento?) Esav decide no matar a Ya’akob.    Y entonces ocurre lo que Ya’akob también anticipó. Después de introducir a la familia, Esav invita a Ya’akob a ir con él, asentarse donde está Esav y vivir como buenos hermanos. Esav le ofrece su mano a Ya’akob (33:12) “nis’a veneleja veeleja lenegdeja”, “Vamos, comencemos a viajar, yo iré adelante [para protegerte y mostrarte el camino hacia mi casa]”. Tus niños van a poder jugar con mis niños. Tengo algunas sobrinas que les quiero presentar a tus hijos mayores. Y conozco un excelente candidato para Diná, tu única hija.

HaShem lo salvo a Ya’akob de la “espada” de Esav. Ahora, de la “mano” de Esav Ya’akob tiene que salvarse solo.  Y Ya’akob, muy seguro de que su destino depende de las próximas palabras que vaya a pronunciar le dice a Esav: “NO”. Muy diplomáticamente, le explica: “Tu comienza a ir y yo voy a ir muy despacio… los niños están un poco débiles, las mujeres están muy cansadas…por favor, adelántate. No me esperes”.

Esav entiende y finalmente se va.

HaShem salvó a Ya’akob de la amenaza antisemita. Pero del peligro de la asimilación, Ya’akob tuvo que salvarse por sí mismo. Tuvo que decir “NO” cuando entendió que su relación con Esav podría pasar de la cordialidad y el respeto hacia un plano social, en el cual perdería su identidad.

Nosotros, los descendientes de Ya’akob Abinu vivimos una situación muy parecida. A veces enfrentamos a un Esav que nos quiere destruir y a veces a un Esav que nos quiere asimilar. Son dos batallas totalmente distintas. Que se luchan con armas y estrategias diferentes. Con la ayuda de HaShem y con nuestra convicción religiosa, y especialmente a través la educación judía que brindemos a nuestros hijos, podremos, como Ya’akob Abinu, vencer los desafíos que nos presenta el Esav de turno.

Shabbat Shalom.

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