Rabino Moshe Hauer, zt”l
La base del verdadero éxito reside en una clara concentración en la misión, en la meta y el propósito hacia los que dirigimos todos nuestros esfuerzos.
Aunque pueda parecer una frase de un texto popular sobre gestión o productividad personal, en realidad es la primera línea de Mesilat Yesharim, el clásico de Musar del rabino Moshe Jaim Luzzatto, titulado “El camino de los justos”. “El fundamento de la devoción y la raíz del servicio puro consiste en clarificar… cuál es el propósito de uno en este mundo y hacia dónde dirigir la visión y el enfoque en todos los esfuerzos diarios de la vida”.
Realizamos muchísimas actividades, completamos innumerables tareas y cumplimos con muchas obligaciones. Sin una visión unificadora y un propósito claro, todo permanece inconexo y se queda muy lejos de donde podría y debería llegar.
Ésta es la razón de la diferencia entre la presentación de los planos para la construcción del Mishkán y su ejecución. En nuestra Parashá (capítulos 36 y 37) se describe la secuencia real de la construcción: primero se crea el edificio y luego se llena con sus elementos sagrados, mientras que en los planos expuestos en Terumá (capítulos 25 a 27) se comienza con el Arca Sagrada. Dicha arca contenía las Tablas con los Diez Mandamientos y era el lugar donde la presencia divina se manifestaba visiblemente. El arca era el punto central de todo el proyecto del Templo: la creación de un lugar para que Di’s residiera entre nosotros. De eso se trataba, y por eso la presentamos primero, aunque sólo la construyamos al final (véase la introducción de Rambán a Terumá).
Si definimos claramente nuestro propósito desde el principio y lo mantenemos presente en todo momento, no nos perderemos por el camino.
Esta dinámica también estaba presente cuando comenzamos el camino de la redención en Egipto. Al principio (Éxodo 3:12), Hashem le reveló a Moisés el objetivo final: “Cuando saques al pueblo de Egipto, servirán a Di’s en este monte (Sinaí)”. De eso se trataba este camino hacia la libertad. Y lo recordamos cada Pésaj, cuando celebramos nuestra libertad una noche y, la noche siguiente, comenzamos el conteo de Sefirat HaOmer, mirando hacia adelante, hacia nuestra meta: llegar al Sinaí.
Cuando mantenemos la vista puesta en el objetivo, en nuestra verdadera misión, en el Sinaí, todo lo que hagamos nos acercará a lograrlo.
















