Sivan Rahav Meir
Todo el mundo está hablando del ultimátum de Trump. Y mañana por la noche estaremos en la misma fecha de la apertura del Mar Rojo. El séptimo día de Pésaj, que comienza mañana al anochecer, nos enseña sobre la posibilidad de “abrir el mar”, de romper los límites para bien, de maneras sorprendentes. Creer, ver a Di’s cambiar la naturaleza, y saber agradecer y cantar.
Hace miles de años atrás, en este día, todo parecía estancado, todo parecía cerrado. El pueblo de Israel acaba de salir de Egipto, pero el faraón y sus hombres los perseguían, por un lado, y por el otro lado estaba el Mar Rojo. Parecía que el pueblo de Israel se encontraba en una situación sin salida. Pero sabemos lo que ocurrió: Najshón entró en el agua, el mar se abrió, el pueblo de Israel atravesó el mar andando en tierra seca, y luego el mar se cerró sobre los egipcios que los perseguían y estos se ahogaron.
Nuestros sabios preguntan: ¿qué hizo que el mar se abriera? ¿Qué provocó este cambio en la naturaleza? Ellos dan varias respuestas profundas: que el pueblo de Israel llevaba consigo a la Tierra de Israel el ataúd de Yosef- el justo, quien supo mantener su identidad judía incluso en Egipto, y este ataúd hizo que el mar se abriera. Otra posibilidad es el cumplimiento de la mitzvá de brit milá -el mandamiento de la circuncisión, que el pueblo de Israel siguió cumpliendo incluso estando en Egipto-, esto fue lo que hizo que el mar se abriera. También se menciona el sacrificio de Isaac, o el hecho de que el pueblo recordaba que estaba camino a Jerusalem.
Todas estas razones son manifestaciones de fe, de identidad, incluso al estar en una realidad difícil. Cada expresión de esperanza, fe y acción de nuestra parte es una pequeña “apertura del Mar Rojo”. Cada avance, cada decisión valiente, cada renuncia, cada mitzvá, cada buena acción y estudio, forman parte de la contribución al cambio de la gran realidad.
Cada uno está invitado a sumar méritos de este tipo. Que tengamos el mérito de ver la apertura del Mar Rojo, de avanzar hacia una realidad bendecida, y de la desaparición de todo el mal que nos persigue.
















