Sivan Rahav Meir
Hace unos días estuve en el antiguo cementerio de la ciudad de Tiberíades. En la tumba del Rabino Menajem Mendel de Vitebsk vi allí una frase que me conmovió mucho. Él fue un rabino y líder judío que emigró a la Tierra de Israel con unos 300 jasidim en una de las primeras olas migratorias, hace aproximadamente 250 años. El letrero colocado en su tumba cuenta sobre los intentos de él y sus seguidores de establecerse en la tierra de Israel, de estudiar, rezar, plantar y construir. Les resultó difícil. Y así escribió:
“Esto causa dolor y hiere a la Sitra Ajrá (es decir, al mal, a Satanás, al lado oscuro) cuando el asentamiento judío aumenta en la Tierra de Israel, incluso cuando solo se añade un árbol o incluso una sola rama de vid…”
Wow. Esto me ha estado acompañando desde entonces. Cada acción positiva nuestra aquí, incluso la más pequeña, es realmente una lucha contra el mal. Al mal le duele que tengamos éxito, que florezcamos, que avancemos. Él lucha contra el hecho de que estamos cumpliendo con el plan divino de reparar todo este mundo.
En los últimos días se han publicado muchos datos optimistas sobre Israel: que es una potencia en asuntos de seguridad, ha tenido un éxito económico poco común, una natalidad impresionante, tiene transporte, construcción, inmigración, alta tecnología y, por supuesto, Torá y mandamientos.
Pero el dato más sorprendente para mí es el dato que se refiere a la felicidad. Estamos en el puesto número 8 en todo el mundo en el índice de felicidad, y los jóvenes en Israel están en el tercer lugar (sólo como comparación, los jóvenes en Estados Unidos están en el puesto 60; allí ha crecido una generación bastante deprimida). Desde que salimos al exilio y desde la destrucción del Templo, no habían vivido aquí en esta tierra tantos judíos felices, creyentes y activos. Todo esto ocurre a pesar de las dificultades, y quizá precisamente por ellas, y a partir de un profundo sentido de propósito.
Hemos avanzado mucho desde que el rabino Menajem Mendel de Vitebsk llegó a la tierra de Israel y sintió físicamente que añadía santidad al mundo frente a la impureza, pero aún nos queda trabajo por hacer, con la ayuda de Di’s.
Feliz Día de la Independencia. Que logremos cumplir plenamente todas las profecías.
















