Rab Yosef Bitton
Brillante artículo atribuido al periodista británico de The Daily Telegraph, Allister Heath.
Israel y sus judíos: este enigma que atormenta a sus enemigos, este rompecabezas que persiste entre filósofos e historiadores, esta supervivencia que desafía toda lógica histórica.
Israel y sus judíos: odiados, perturbadores, que deben ser destruidos a cualquier costo, no por lo que hacen, sino por lo que son. Y que ganan cada vez. ¡Un análisis magistral!
“Hay algo en Israel que incomoda a la gente,
y no es lo que dicen.
Hablarán de política, asentamientos, fronteras y guerras.
Pero basta con rascar un poco debajo de la indignación para descubrir algo más profundo:
una incomodidad no con lo que Israel hace, sino con lo que Israel es.
Una nación tan pequeña no debería ser tan poderosa.
Punto.
Israel no tiene petróleo. No tiene recursos naturales especiales.
Tiene una población apenas mayor que la de una ciudad promedio de Estados Unidos.
Está rodeado de enemigos.
Es despreciado en las Naciones Unidas.
Blanco del terrorismo. Condenado por celebridades.
Boicoteado, difamado y atacado.
Y, sin embargo, prospera como si el mañana no existiera.
En el ámbito militar.
En el campo médico.
En su economía, que en tiempos de guerra es una de las que más crece en el mundo.
En su moneda, el shekel, que también se mantiene entre las más sólidas del planeta, incluso en tiempos de guerra.
En seguridad.
En tecnología.
En agricultura.
En inteligencia.
En el plano moral.
En una voluntad inquebrantable.
Transforman desiertos en tierra cultivable.
Producen agua del aire.
Interceptan cohetes en pleno vuelo.
Liberan rehenes bajo las narices de los peores regímenes del mundo.
Sobreviven guerras destinadas a aniquilarlos… y ganan.
El mundo entero observa, desconcertado.
Y entonces, como frente a una fuerza incomprensible,
concluye que debe haber trampa.
Debe ser la ayuda estadounidense.
Debe ser el lobby extranjero.
Debe ser opresión.
Debe ser robo.
Debe ser alguna maniobra oscura que les dio a los judíos este poder.
Debe ser chantaje.
Porque Di’s no permita que sea otra cosa.
Di’s no permita que sea real.
Di’s no permita que sea merecido.
O peor aún: predestinado.
Se suponía que el pueblo judío había desaparecido hace mucho tiempo.
Así es como debía terminar la historia de las minorías exiliadas, esclavizadas y odiadas.
Pero los judíos no desaparecieron.
Regresaron a su tierra, reconstruyeron su país,
revivieron su idioma y devolvieron la vida a sus muertos:
en su memoria, en su identidad y en su fuerza.
Esto no es normal.
Esto no es político.
Es bíblico.
No existe una fórmula mágica que explique cómo un grupo de personas
puede regresar a su tierra después de 2,000 años.
No existe un camino racional desde las cámaras de gas hasta la influencia global.
Y no existe precedente histórico para esta supervivencia:
los babilonios, los romanos, las Cruzadas,
la Inquisición, los pogromos y el Holocausto…
y, sin embargo, aquí seguimos, yendo a trabajar un lunes en Tel Aviv.
Israel es incomprensible.
A menos que creas en algo más allá de las matemáticas.
Eso es lo que vuelve loco al mundo.
Porque, si Israel realmente existe, si esta nación improbable, antigua y despreciada sigue siendo elegida, protegida y próspera, entonces tal vez Di’s no sea un mito después de todo.
Tal vez Él siga siendo parte de la historia.
Tal vez la historia no sea producto del azar.
Tal vez el mal no tenga la última palabra.
Tal vez los judíos no sean sólo un pueblo, sino un testimonio.
Eso es lo que no pueden soportar.
Porque, una vez que admites que la supervivencia de Israel
no es solo impresionante, sino divina, todo cambia.
Nuestra brújula moral se reinicia.
Nuestras certezas sobre la historia, el poder y la justicia se derrumban.
Entonces comprendemos que no estamos presenciando el final de un imperio, sino el nacimiento de algo eterno.
Por eso lo niegan.
Lo difaman.
Y se oponen a ello con vehemencia.
Porque es más fácil llamar “trampa” a un milagro que admitir que Di’s cumple Sus promesas.
Y aún lo hace.”
















