Sivan Rahav Meir
¿Será que sabemos reconocer el bien que recibimos y dar las gracias a tiempo? En Parashat Jukat leemos sobre el fallecimiento de Miriam -la profetisa- durante la travesía del pueblo de Israel por el desierto. Y entonces, de repente, ya no hay agua. El pueblo tiene sed.
¿Qué ocurrió? Nuestros sabios explican que, durante los cuarenta años en el desierto, los hijos de Israel bebieron agua de un pozo milagroso que los acompañaba. Pero sólo cuando Miriam murió descubrieron que este pozo existía gracias a ella.
Cuarenta años de agua sin cesar, agua dulce y buena, la base misma de la vida, algo sin lo cual no se puede vivir. Sin embargo, mientras la tenían, nadie se daba cuenta ni comprendía gracias a quién la recibían. Solo ahora se dieron cuenta cuánto les hacía falta.
Nuestros comentaristas nos invitan a prestar atención: las personas justas protegen a su generación. Aportan bendición y fortaleza, incluso cuando esto no se percibe a simple vista.
Pero también podemos mirar constantemente a nuestro alrededor y ver la realidad de esta manera: muchas personas traen bendición a nuestras vidas, aunque no siempre sepamos reconocerlo. Ésta es una oportunidad para observar a quienes nos rodean y expresarles nuestro agradecimiento.
Estas palabras están dedicadas a la elevación del alma del teniente coronel Dor Guedalia Ben Simjon, comandante de batallón, caído en combate en el Líbano, junto con otros queridos soldados caídos, de bendita memoria, los cuales nos recuerdan cuánta labor silenciosa existe a nuestro alrededor en cada momento: una labor cotidiana, sin titulares ni reconocimiento público.
En su memoria.
















