Sivan Rahav Meir
23 de noviembre de 2020
Este versículo es muy importante para poder vivir la vida entre lo sagrado y lo mundano. Nuestro Patriarca Yaacov sale de la tierra de Israel en esta parashá. Hasta ahora él era un hombre íntegro, estudioso de la Torá y ahora él sale de su tierra natal, huyendo de su hermano Esav, en busca de una pareja, para trabajar con mucho ahínco donde Labán y enfrentarse más a los desafíos.
Al empezar su camino. él sueña el famoso sueño de la escalera que está apoyada sobre la tierra y su extremo superior sube hasta el cielo y entonces proclama: “Realmente está Hashem en este lugar y yo no lo sabía”.
Al pasar de una vida espiritual a una vida más mundana él nos revela un secreto: Aquí también se encuentra D-s. Muchos comentaristas explican que Yaacov nos enseña “captar el momento”, encontrar en los quehaceres del día a día la emoción, la santidad, el cumplir con una Mitzvá.
Aunque la vida es una escalera apoyada en la tierra, su extremo superior llega a los cielos. Nosotros no solamente encontramos a D-s donde hemos previamente participado -en las sinagogas, las casas de estudio, lugares de oración y estudio que han estado cerrados ya hace meses-. Más bien ahora conviene recordarnos que la santidad también se esconde entre la sala de estar y la cocina y allí también podemos proclamar: “Realmente está D-s en este lugar y yo no lo sabía”.
















