Sivan Rahav Meir
En un zoom realizado el año pasado, en vísperas de Rosh Hashaná, para los empleados de la empresa de noticias, Roni Daniel contó brevemente una historia personal. No escuché bien lo que dijo el en esta celebración virtual, pero sentí que había algo de valor allí. Así que lo llamé por teléfono al día siguiente y con alegría él repitió lo que había dicho.
Roni, el comentarista militar más antiguo y solidario falleció ayer debido a un infarto a la edad de 73 años. Encontré las cosas que había apuntado para mí misma en esa llamada telefónica, y ahora están dedicadas a elevar su alma:
Cuando tenía 12 años, Haim Guri (poeta, novelista, periodista israelí), escribía para el periódico Lamerhav. Tenía una columna los viernes, titulada ‘¿Qué dicen?’ Allí publicó un cuento corto que me impresionó tanto y tocó mi corazón que lo recorté y lo pegué en mi cuaderno, y lo recuerdo desde entonces:
En cierto pueblo pequeño, un hombre fue condenado a muerte. Toda la gente del pueblo pensó que la sentencia era terriblemente injustificada y se manifestó contra la ejecución.
Protestaron un día, dos días, tres días, pero esto no cambió nada. Luego, el guardia de la cárcel se dirigió hacia un hombre quien continuaba manifestándose todos los días y le dijo: ‘¿Por qué protestas? Ya ha sido ejecutado, ya no puedes ayudarlo, qué crees que puedes aun arreglar.’
Le contestó el hombre: ‘No quiero arreglarlo, hago esto porque no quiero dañarme a mí mismo’.
Esta frase me impresionó cuando era niña. En cierta ocasión inclusive hablé de ello con Jaim Guri, pero él ya estaba viejo y no se recordó de la historia. Pero yo si recordé, y aun lo recuerdo.”
















