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Dr. Alberto J. Rotenberg: Janucá Saméaj

Dr. Alberto J. Rotenberg: Janucá Saméaj

Dr. Alberto J. Rotenberg

Tal vez alguien pensará que utilicé mal el “copy – paste” y estoy publicando un artículo del año pasado. O que mi Lúaj -calendario hebreo- vino fallado.

Sin embargo, en este momento recuerdo muy especialmente la festividad de Janucá, durante la cual incluimos en el rezo un texto que alude al carácter de la festividad diciendo que, en los tiempos de Matityahu ben Iojanán Cohen Gadol de la familia de los Jashmonaim con sus hijos, cuando el reinado de los griegos se alzó sobre el pueblo de Israel, despreciando la Torá y sus preceptos, Di’s, con su gran misericordia hizo que el pueblo de Israel se sobrepusiera sobre sus enemigos, aquellos que querían someterlos y aplicarle sus leyes. De este modo los fuertes cayeron en manos de los débiles, muchos en manos de unos pocos, malos en manos de justos, impuros en manos de puros, herejes en manos de personas que cuidan la Torá Divina. La victoria en el campo de batalla representó el éxito sobre los sirios griegos que quisieron imponer la cultura helénica, en la cual el ideal de belleza y el aspecto físico buscaba imponerse sobre los valores espirituales del pueblo judío. Precisamente podríamos afirmar que el paradigma de esta cultura griega estaba representado por las olimpíadas, la fiesta de la belleza fundada en la estética y la competencia deportiva como un fin en sí mismo.

En estos días en que se están desarrollando aun hoy en día las olimpíadas con una amplia participación de los diferentes países -incluido Israel-, y ocupando las principales páginas de los medios -incluso los medios judíos-, recordé la fiesta de Janucá. Y aunque pudiera ser tildado de anacrinismo -o remar contra la corriente, por decirlo delicadamente-, una pregunta queda flotando: ¿Habremos ganado la guerra o apenas una simple batalla?

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