Sivan Rahav Meir
Así escribió una madre de varios niños pequeños, sobre la porción de la Torá de esta semana:
“En la Parasha Vaishlaj, nuestro Patriarca Iaacov rechaza la sugerencia de Esav de que caminaran juntos y éste fue el argumento que presentó a su hermano: “Yo iré a paso lento, al paso del trabajo que llevo tengo por delante y al paso de los niños’.
Iaacov no corre hacia delante en la vida con su hermano Esav ya que tiene una familia que criar y una visión del mundo distinta, un ritmo diferente. Cuando hay niños pequeños, se avanza despacio. Quien tiene bajo su responsabilidad almas tiernas y sensibles debe tomar su tiempo.
Antiguamente, muchos de los trabajos requerían de paciencia. El trabajo en el campo requería que el hombre sembrara, esperara, dejara que la naturaleza hiciera lo suyo. Muchos otros oficios requerían de calma y la persona exitosa en muchos casos era la persona moderada, no la apresurada.
En el mundo digital, existe una cultura de trabajo que requiere eficiencia, rapidez y agilidad.
La persona exitosa es la que acorta los plazos y las distancias con sólo teclear. Nos acostumbramos a ello y luego nos cuesta adaptarnos al ritmo de los que son más lentos que nosotros, como por ejemplo los niños pequeños. En un mundo donde es difícil esperar 20 segundos hasta que podamos descargar un archivo, no es fácil esperar 5 minutos para que un infante empecinado se quite solo sus medias y zapatos.
En tantos momentos del día el niño parece estar diciéndonos sin palabras: “Papá, mamá, un poco más despacio”.
De allí que vale la pena recordar este versículo: ’Yo iré más despacio’.
Cuando Rashi explica la palabra ‘despacio’ el escribe: ‘con calma’. Esta es una palabra mágica que deberíamos decirnos de vez en cuando: calma.”
















