Rab Yosef Bitton
פסח, מצה ומרור
Hay 3 conceptos que deben mencionarse en el Séder:
- Pésaj, 2. Matsá y 3. Maror.
Pésaj, representa lo que HaShem hizo por nosotros.
Matzá, es lo que hicimos nosotros, el pueblo de Israel, para merecer nuestra libertad.
Maror, es lo que nos hicieron los egipcios.
Pésaj
De acuerdo al Rab Menashe Ben Israel, la palabra Pésaj en la Torá no significa que HaShem “salteó” las casas de los Yehudim sino que las “protegió” (como lo traduce el Targum Onkelos jayis). Cuando HaShem mandó la décima plaga, la muerte de los primogénitos, (משחית, plaga mortal, ver Shemot 12:13 y 12:23), que en teoría tendría que haber afectado a todos los primogénitos de Egipto, gentiles o judíos, indiscriminadamente, HaShem “protegió” (pasaj) las casas de los Yehudim, y no dejó que esta plaga afectara a los primogénitos judíos. Pésaj, entonces, es la festividad en la que celebramos la constante, directa y sobrenatural protección que HaShem le brinda al pueblo de Israel. Esta protección selectiva (hashgajá peratit) al pueblo judío que celebramos la noche del 15 de Nisán (en hebreo conocida como ליל שימורים) acompaña desde entonces a Am Israel a través de su historia y hasta nuestros días. Desde entonces HaShem protege al pueblo de Israel de una manera sobrenatural. La existencia de Israel desafía las estadísticas o las predicciones más lógicas. El pueblo judío, es el grupo humano más perseguido y hostigado en la historia de la humanidad. “Lógicamente”, deberíamos haber desaparecido hace mucho tiempo atrás ח»ו. Pero “gracias a HaShem”, literalmente, aquí estamos. El pueblo y el estado de Israel existen milagrosamente, a pesar de todos los que alzan sus voces y sus armas para destruirnos, porque tal como ocurrió en esa noche de Pésaj, HaShem nos sigue protegiendo. Y esto es lo que celebramos en Pésaj.
Matzá

La Matzá representa lo que el pueblo judío hizo para merecer su libertad. El 14 de Nisán, HaShem ordenó a los Yehudim abandonar Egipto y encaminarnos hacia el desierto.
Esto parece fácil. ¿Quién no querría dejar de ser esclavo? Pero hay que tener en cuenta un elemento que ocupa un lugar importantísimo en Pésaj, pero que, por alguna razón, no se habla mucho del mismo.
Egipto era el país más moderno, próspero, estable y seguro del mundo es esos tiempos.
Los Yehudim, a pesar de que éramos esclavos, teníamos agua y comida, lo cual no era común en otros lugares del mundo, donde muchas veces hasta la gente común se moría de hambre o de sed, por ejemplo, en tiempos de sequías. A Egipto no le afectaban las sequías. Egipto contaba con el caudaloso rio Nilo, el más largo del mundo, un recurso natural y estable, que proveía agua, riego para las plantas y peces en gran abundancia.
Hay otro factor que tampoco es muy mencionado. Un libro sumamente interesante llamado “1177 AEC” describe la invasión por mar de las tribus salvajes de las costas e islas europeas a las costas del Mediterráneo. Estas terribles invasiones, que no eran poco comunes en esos tiempos, destruyeron todas las civilizaciones de esa época. Egipto sobrevivió estas invasiones (el pueblo de Israel también, pero eso es para otro día…) gracias a su poderoso ejército, que pudo repelar el ataque de estos temibles invasores. Egipto era, para esa época, un país muy seguro militarmente.
Por todo esto hay que entender algo que suena un poco irónico ¡no fue fácil para los Yehudim abandonar la prosperidad, la estabilidad y la seguridad de Egipto -a pesar de la esclavitud- e irse al desierto, a una tierra seca, sin agua, sin comida, sin plantas ni frutas, con serpientes venenosas, alacranes, enemigos, bandidos del desierto, etc.
Cuando se dio la orden de partir, los Yehudim podríamos haber dudado, debatido, demorado la partida (להתמהמה), ya que nos encaminábamos hacia un lugar muy peligroso. Nuestro gran mérito fue que no demoramos la partida, sino que nos apresuramos a partir. Salimos con mucho entusiasmo y lealtad a HaShem, confiados únicamente en la promesa de Su protección. Y en las últimas horas antes de partir, preparamos rápidamente la mayor cantidad de comida que pudimos, tan apresuradamente que no esperamos a que la masa fermentara para hacer pan… Salimos de Egipto cargando solamente algunas Matsot.
La Matzá nos recuerda este mérito: que no dudamos en dejar Egipto y partir rumbo a lo desconocido, entregándonos en las manos de Boré Olam.
Este gran mérito del pueblo de Israel es recordado con mucho énfasis por el profeta Yirmiyahu, cuando dijo en nombre de haShem, refiriéndose a la salida de Egipto: “Recuerdo tu mérito de joven; tu amor incondicional [por Mi]: cuando me seguiste hasta el desierto, a una tierra seca [sin agua, y sin comida]…” (Jeremiah 2:2).

Rabán Gamliel indica que el “Maror”, la verdura amarga que consumimos durante las dos primeras noches de Pésaj, representa una de las tres ideas centrales que debemos transmitir a nuestros hijos en el Séder. El Maror nos recuerda que los egipcios nos demonizaron, nos esclavizaron y nos hicieron sufrir. Pero ¿por qué es tan importante transmitir esta lección “dolorosa” a la próxima generación en la noche del Séder? ¿No deberíamos concentrarnos exclusivamente en celebrar nuestra libertad?
Hay varias razones por las que debemos recordar el significado del Maror.
Primero, al debatir el orden en que debe contarse la historia de Pésaj, nuestros sabios entendieron que tenemos que mencionar las cosas malas que nos sucedieron, y que estos recuerdos dolorosos deben mencionarse primero, para que de esta manera apreciemos más y mejor la libertad que obtuvimos y las cosas buenas que nos pasaron.
Segundo, porque el odio hacia el pueblo judío, simbolizado por el Maror, lamentablemente no es algo del pasado. De alguna manera, nuestros hijos deben saber que nuestro destino como pueblo elegido implica estar expuestos a la demonización y a la persecución. Es una parte integral del privilegio de pertenecer al pueblo judío.
Y creo que hay una razón adicional muy importante para preservar la memoria de nuestro sufrimiento. La Torá nos enseña a canalizar de manera positiva la memoria del dolor que sufrimos en Egipto. ¿Cómo? Haciendo todo lo posible para que otras personas NO sufran. Esta idea y el momento en que esta idea es transmitida, me parece que es una REVOLUCIÓN en el pensamiento humano.
Hay un patrón de conducta que siempre se repitió en la historia. Las civilizaciones que fueron oprimidas y esclavizadas luchaban por su libertad, y luego, cuando triunfaban, su primera necesidad era la venganza: hacer sufrir a sus perseguidores. Pero no terminaban ahí. Una vez que las personas que habían sido oprimidas se volvían más fuertes y poderosas, se dedicaban a conquistar otros pueblos, esclavizarlos y hacerlos sufrir, como habían sufrido ellos. Este comportamiento sádico es un fenómeno psicológico bien conocido. Las estadísticas muestran que hay una proporción muy alta de personas “abusivas” (en todos los sentidos) que han sido abusadas en el pasado.
La Torá presenta aquí una revolución moral. Una visión 180 grados diferente.
La Mitzvá que la Torá más veces repite es: “Y amarás [= te preocuparás por, cuidarás de…] al extranjero [= los pobres, las personas más expuestas al abuso], porque ustedes han sido extranjeros en la tierra de Egipto”. La Torá nos enseña a canalizar el abuso que sufrimos en Egipto de una manera contra-intuitiva, casi sobrenatural. En lugar de alimentar o justificar la sed subconsciente de venganza y abuso, nosotros, el pueblo de Di’s, debemos comportarnos con más compasíón con los necesitados.
La Torá nos dice: Tú sabes lo que significa el sufrimiento, por lo tanto, no dejes que otras personas sufran ya que estás mejor calificado que aquellos que no sufrieron, para evitar que otros sean humillados y oprimidos.
Si bien aquellos que experimentaron opresión naturalmente albergan sentimientos de venganza, a los judíos se nos pide que enseñemos a nuestros hijos a preservar el recuerdo de nuestra aflicción para procesar nuestros recuerdos de abuso de forma positiva y ser más sensibles con aquellos que sufren.
Conozco a muchas personas buenas y generosas. Pero, sinceramente, las personas más amables, compasivas y angelicales que he conocido son algunos sobrevivientes del Holocausto. Entre ellos, por ejemplo, a la rabbanit Esther Jungreis z»l, que dedicó su vida a inspirar a otros a ser buenos, generosos y pacientes (mira su video abajo). O a Yehuda Lindenblatt, un sobreviviente de la Shoah –un hombre muy mayor– que se dedica a ser voluntario en Hatzalah y salvar vidas. Con los años, he conocido a muchos otros sobrevivientes del Holocausto. Y me sorprendió su extraordinaria amabilidad y altruismo. Estos ancianos sufrieron lo inconcebible. Sus familias fueron destruidas. Y siguiendo el sentido común de los abusados que se transforman en abusadores, los sobrevivientes del Holocausto deberían ser las personas más malvadas y abusivas del planeta. Sin embargo, ¡son todo lo contrario! Y creo que todo el crédito le corresponde a nuestra Torá, a esta increíble idea que Di’s proyectó en nuestras mentes: Debemos ayudar a los que sufren, porque sabemos personalmente lo que significa el sufrimiento. Esta idea contra-intuitiva en términos de psicología humana, es una idea Divina, que se convirtió en parte de nuestro carácter y nuestro ADN.
¡Que HaShem nos inspire y nos ayude para que siempre estemos del lado de los que dan!
Amén.
















