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Se nos ordena en la Torá regocijarnos en las festividades, como está escrito: “Vesamajta bejagueja” (Devarim 16:14).
El Séfer HaJinuj (Simán 488) intenta aclarar exactamente qué significa regocijarse. Relaciona esta mitzvá con la mitzvá de traer un korbán Shelamim en el Beit HaMikdash y utiliza una Guemará en Jaguigá (6b) como prueba de que esta mitzvá es obligatoria tanto para los hombres como para las mujeres. Continuando con esta Guemará (Jagigá 8a), el Séfer HaJinuj dice que esta mitzvá también implica comer carne, beber vino, vestir ropa nueva, dar fruta y dulces a los niños y a las mujeres, y cuando existía el Beit HaMikdash, también tocar varios instrumentos musicales en el Beit HaMikdash, mencionando específicamente Simjat Beit Hasho’eva en Sucot. Él trae otra Guemará (Pesajim 109a) que el significado de regocijo en los tiempos del Beit HaMikdash era comer la carne del korbán Shelamim, pero ahora que el Beit HaMikdash ya no existe, el significado de regocijo es que los hombres beban vino y que las mujeres se vistan con ropa bonita. El Séfer HaJinuj termina diciendo que la Torá nos advierte que también incluyamos a los pobres, los conversos y los débiles.
Esta mitzvá se aplica a todas las festividades por igual: Pésaj, Shavuot y Sucot. Sin embargo, a diferencia de Pésaj, que se llama “el tiempo de nuestra libertad” y Shavuot, que se llama “el tiempo de recibir nuestra Torá”, Sucot no se define por un “evento histórico” específico, sino más bien por el más genérico “tiempo de nuestro regocijo”, lo que parece indicar que Sucot no se celebra para “recordar un suceso específico” (aunque Jazal sí menciona sucesos específicos en la Torá: Am Israel acampando en Sucot al salir de Egipto y las Nubes de Gloria en el midbar).
De esto parecería que Sucot tiene un toque extra en lo que se refiere a regocijo, como lo sugiere la mención especial que hace el Séfer HaJinuj con respecto a Simjat Beit Hasho’eva y Sucot.
Todos conocemos el versículo “Servid a Hashem con alegría” (Tehilim 100:2), que parece indicar que existe un mandamiento positivo de servir a Di’s con alegría. Sin embargo, si buscas en el Sefer HaJinuj, que enumera y analiza las 613 mitzvot, esta mitzvá específica, no la encontrarás. No existe ninguna mitzvá independiente que aborde específicamente el servicio a Di’s con alegría (con la excepción de la mitzvá mencionada anteriormente que se refiere específicamente a las festividades).
Esta pregunta es abordada por los Mefarshim y el consenso es que la razón por la cual no existe una mitzvá separada para servir a Di’s con alegría, es porque de hecho todas las mitzvot incorporan este requisito – es un prerrequisito para todas las mitzvot en la Torá y se aprende de la forma negativa, del pasuk en las maldiciones en la parashá Ki Tavó “Porque no serviste a Hashem tu Di’s con alegría” (Devarim 28:47). Estamos recibiendo las maldiciones porque no servimos a Di’s con alegría.
En otras palabras, la alegría es el valor predeterminado, es el estado mental que constituye el punto de partida de nuestro servicio a Di’s, ¡o al menos debería serlo!
Si este es el caso, ¿por qué necesitamos una mitzvá específica para tener alegría en las festividades? Si la alegría se da por sentada y es aplicable a todas las mitzvot, tal mitzvá parecería superflua, ya que está implícita en todas las mitzvot, incluidas las festividades.
La respuesta a este enigma se encuentra en el espacio entre la teoría y la realidad. En teoría, Di’s nos creó con una especificación predeterminada: que debemos servirlo con alegría. Sin embargo, la realidad no es tan simple. Lograr la verdadera alegría, la alegría que Di’s requiere de nosotros en nuestro servicio a Él, no es tan fácil de aplicar y la razón de ello es que tenemos un iétzer hará.
El iétzer hará, un ángel, está a cargo del quinto nivel en el Cielo llamado maón, que es el almacén de la alegría. ¿Por qué específicamente este ángel está a cargo de un tesoro que parece personificar lo opuesto a su naturaleza? Quizás porque este ángel específico tuvo la objeción original en contra de crear al hombre en primer lugar. Quizás Di’s lo puso a cargo de asegurarse de que el hombre cumpliera con las expectativas que Di’s tenía cuando lo creó. Si Di’s diseñó al hombre por defecto para que lo sirviera con alegría, entonces queda claro por qué Di’s es tan inflexible en este sentido y designó a un ángel que es igualmente inflexible y sin sentimentalismo cuando se trata de evaluar y hacer cumplir nuestro servicio a Di’s con alegría.
Para evaluar si nuestro servicio a Di’s está en verdadera alegría o en alegría artificial, este ángel nos pone a prueba constantemente (a veces usamos la expresión nos tienta), colocándonos en circunstancias en las que debemos elegir entre la alegría permisible y la alegría prohibida.
La verdadera alegría es celebrar la creación de Di’s en toda su gloria y variedad inalteradas por el hombre, dentro de los confines de la Torá
















