Sivan Rahav Meir
¿Ustedes conocen esto que cuando nace un bebé dicen que tiene la sonrisa del padre? ¿O los ojos de la madre? Así, también tenemos las cualidades de los patriarcas y matriarcas de la nación. Tenemos en nosotros la bondad de Rebeca, las oraciones de Raquel. Generación tras generación, estos rasgos nos fueron transmitidos y se han quedado grabados en nosotros.
Los pasajes del libro de Bereshit -de Génesis-, de esta semana nos presentan ahora todos estos tesoros: la fe de nuestro patriarca Abraham, por ejemplo, que sólo oye la orden divina “Vete para ti” – y se pone inmediatamente en camino. Y luego su profunda conexión con la Tierra de Israel. Camina a lo largo y a lo ancho de la tierra y escucha las promesas de que nosotros, sus descendientes, también tendremos el privilegio de vivir aquí. Y también la bondad. La carpa de Abraham y de Sara fue un ejemplo extraordinario de hospitalidad.
Estos no son sólo relatos históricos. Es más bien un recordatorio de nuestro tremendo potencial. De hecho, todo esto lo vemos ahora, en nuestros días y especialmente durante el último año. Fe, conexión con la tierra, voluntariado, solidaridad y bondad: estas cualidades están incrustadas en nuestro ADN, en lo más profundo de nuestra alma, y se transmiten de generación en generación.
Nuestros comentaristas nos recuerdan: cuando leemos en la Torá los relatos de los Patriarcas, no estamos leyendo una trama interesante que tuvo lugar hace miles de años. Nos estudiamos a nosotros mismos. Quiénes somos, de qué somos capaces, de dónde venimos y que debemos anhelar.
Que tengamos el mérito de continuar el camino de los Patriarcas y Matriarcas de la nación.
















