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Nuestros niños impresionables

Nuestros niños impresionables

Rabino Mordejai Weiss

Crédito de la foto: Avshalom Sassoni/Flash90.

El Talmud destaca en varios pasajes los efectos de estudiar una materia cuando uno es joven. En un punto, cita el incidente de un sabio que olvidó una ley judía y atribuyó su pérdida de memoria al hecho de que no la estudió cuando era muy joven.

Pirkei Avot, la Ética de nuestros Padres, compara la adquisición de conocimiento por parte de un niño con escribir en una hoja de papel en blanco que nunca ha sido borrada, y la de un adulto con un papel que está lleno de borrones. La confusión y la ambigüedad de la mente adulta palidecen ante la lucidez e inocencia de la mente de un niño. Wordsworth, en su famoso poema “Indicios de inmortalidad”, alude a la particularidad de un niño y a la relación única que los niños tienen con su Creador. De hecho, la tradición judía habla de la conexión singular que tienen los niños con Di’s Todopoderoso. Sus oraciones son aceptadas con mayor facilidad debido a su inocencia y a su asombrosa capacidad de comprender los poderes ilimitados del Creador.

Para los niños, el tiempo es infinito, sin principio ni fin. Así también, nuestro Creador no tiene principio ni fin; para Dios Todopoderoso, el tiempo es ilimitado. Los niños se identifican de manera única con su Creador por el simple hecho de estar más cerca de su momento de nacimiento. Cuanto más nos alejamos de nuestro nacimiento, más llenamos nuestra mente de dudas y preguntas sobre nuestro Creador.

A menudo me he preguntado por qué un niño suele dirigir el Anim Zemirot al concluir el servicio de Shabat. Esta plegaria es tan poética y poderosa, ¿por qué entonces le damos este honor a un niño? Creo que debido a que un niño es tan inocente, tiene la capacidad de identificarse y relacionarse con nuestro Creador mejor que cualquier adulto que reza en la sinagoga. ¿Quién mejor para describir la grandeza de Di’s Todopoderoso que un niño que puede reconocer la intemporalidad de nuestro Creador, porque para un niño, el tiempo es infinito?

Al mismo tiempo que están tan cerca de Di’s, la mente de un niño es muy impresionable. Lo que les enseñamos a nuestros hijos -las impresiones que dejamos en sus mentes- se vuelven indelebles y moldean su existencia y destino futuros. A menudo, los comentarios que se les hacen a los niños cuando son pequeños nunca los abandonan y son su fuente de fortaleza o debilidad en los años venideros.

Recuerdo vívidamente cuando era un joven estudiante de tercer grado, sentado en clase y participando activamente en la lección de Jumash de mi maestro. En un momento dado, el texto me resultó confuso y levanté la mano para hacer una pregunta. Para mí, la pregunta que estaba a punto de hacer tenía valor y mis padres siempre me enseñaron que uno debe hacer preguntas para adquirir conocimientos. Creía que la respuesta era esencial para que yo entendiera la lección. Sin embargo, cuando hice la pregunta, el maestro, inocentemente y sin malicia ni previsión, se rio y dijo que mi pregunta era estúpida y que la respuesta era obvia. La llamó una “klutz kasha“, una pregunta tonta. Ese comentario, tan inocente como era, permaneció conmigo, incluso hasta hoy. Cuando me siento en un shiur, dudo en hacer una pregunta debido a ese comentario que me hicieron hace décadas. Aunque no hay un razonamiento lógico detrás de mis miedos, ese sentimiento de incompetencia que recibí cuando era un muchacho joven sigue conmigo incluso hoy.

Todos sabemos que las relaciones entre hermanos se renuevan cuando estamos en presencia de nuestros padres. Incluso cuando somos mayores y nos casamos, retrocedemos a los tiempos en que éramos niños. El mismo niño que era considerado el más inteligente vuelve a asumir el mismo rol que tenía cuando era niño, sin importar el éxito que haya alcanzado o si sus hermanos lo han superado en sus capacidades intelectuales. El Talmud en Taanit afirma que si vemos a un estudiante que no tiene éxito en sus estudios es porque su maestro no le sonrió, lo que pone de relieve una vez más la delicada e impresionable mente de nuestros niños y la enorme responsabilidad que tienen los educadores de asegurar que estas huellas sean sanas y positivas.

La lección es aplicable tanto a los padres como a los educadores. ¿Queremos que las primeras impresiones inocentes del mundo que tengan nuestros hijos sean delante de un televisor o de Internet, donde se verán expuestos a la violencia y a relaciones inapropiadas? ¿Son los profesores cuidadosos con la forma en que se dirigen a los alumnos y se dan cuenta de verdad de que sus palabras tendrán un enorme impacto en la vida de sus alumnos? ¿Somos siempre conscientes de que nuestras palabras y acciones crean enormes ondas de influencia e indelebles en la mente de un niño que serán los cimientos de su futuro? Es una enorme responsabilidad que no debemos tomar a la ligera.

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