Sivan Rahav Meir
Imagínense, si antes del 7 de octubre, hubiéramos programado un día de ayuno y reflexión y pensáramos juntos en el peligro real que nos acecha y qué debemos hacer.
En cierto modo, ésta es la esencia del ayuno que comienza mañana (viernes), el 10 de Tevet.
¿Qué pasó el 10 de Tevet? En esta fecha comenzó el cerco babilónico a las murallas que rodeaban a Jerusalem. Un momento… el asedio acaba de comenzar, en realidad no pasó nada, así que ¿por qué ayunar?
Por la indiferencia, por la apatía.
Todos conocemos el ayuno de Tishá Be’Av, que nos recuerda el día de la destrucción del Templo. Pero si hubiéramos entendido el mensaje ya el 10 de Tevet, el día en que el enemigo acababa de tomar posición frente a los muros de Jerusalem, no habría habido Tishá Be’Av y el Templo no habría sido destruido.
Nuestros comentaristas explican: queremos resaltar la grieta, el peligro inicial, y hacer la corrección, el arrepentimiento y el cambio ya ahí. Buscamos no olvidar el día en que todavía era posible defender a Jerusalem.
Esto es cierto no sólo a nivel nacional: a veces hay una grieta en nuestra vida personal, en la relación, en la educación de los hijos, en el ámbito de la salud o en el ámbito económico. Debemos localizarla antes de la devastación y prestar atención a las cosas ya desde el principio.
Así que mañana conmemoraremos el día en que el rey Nabucodonosor estuvo frente a los muros de la Jerusalén sagrada. Lamentaremos el hecho de que no pudimos evitar esta terrible destrucción y actuaremos para reparar y construir para el futuro.
















