Unos días antes del 27 de enero de 1945, cuando el ejército ruso se acercaba a Auschwitz, los nazis comenzaron a evacuar el campo de la muerte.
Entonces los prisioneros fueron obligados a marchar hacia Alemania, en lo que se conocería como la infame Marcha de la Muerte. Durante la marcha, los nazis disparaban a cualquier persona que se quedara atrás, o simplemente porque ya no podía caminar.
Se estima que más de 15.000 judíos murieron en aquellas marchas. Sin embargo, Perel Schulkind, que había nacido en 1923 en Cracovia, y quien era una joven que había estado prisionera en Auschwitz, pudo sobrevivir a la marcha y fue trasladada a un campo de trabajo, en Neustadt Glewe, cerca de Frankfort, Alemania. Oficialmente ése era un campo de trabajo, pero ella estaba muy enferma de tifus y ardiendo en fiebre. Apenas si era capaz de moverse, y no estaba en condiciones de trabajar. Entonces, la doctora Monsey, una amable mujer judía que estaba a cargo de su habitación, le aconsejo a Perel que fuera a la enfermería, ya que, si estaba registrada allí, estaría exenta de trabajar. La enfermería quedaba a una corta distancia, de tan sólo unos tres bloques de los cuarteles, pero en el estado en que ella se encontraba, y con los pies hinchados, le llevó casi dos horas en poder llegar allí. Pero cuando llego, vio a las mujeres acostadas en camas, sin ninguna ropa que las cubrieran, y totalmente deshumanizadas, ya que cuando un paciente llegaba a la enfermería, los médicos se encargaban de llevar la ropa sucia que traían puestas los prisioneros y la quemaban. Perel estaba muy débil, temblando de fiebre, con terribles dolores en sus pies, y hasta con miedo de que le dispararan. Aun así, no quería perder su Tzeniut (recato) ni su dignidad, por lo que, ella decidió volver a su habitación a buscar su camisón que había “comprado” en Auschwitz a cambio de un poco de pan, mismo que había usado durante la Marcha de la Muerte. No había manera de que ella se acostará allí desvestida, así que dio media vuelta, y arrastró su cuerpo debilitado hacia el cuartel por otras dos horas, para recuperar la preciosa prenda. Entonces, al llegar, la doctora Monsey le sugirió que se acostara para descansar un rato, antes de regresar a la enfermería. Y ya que de todos modos Perel no tenía fuerza para moverse, tomó su consejo.
Poco después, la doctora regresó, para avisarle a Perel que ya no había necesidad de regresar a la enfermería, porque los nazis acababan de vaciar el hospital matando a todos los pacientes que allí se encontraban….
“Perel Schulkind entonces se había salvado gracias a su Tzeniut”
Menos de un mes después, la joven fue liberada. Entonces Perel expreso lo siguiente: “los nazis se habían llevado todo… nuestros preciosos seres queridos…. nuestros hogares… nuestro dinero… nuestra comida…nuestra salud….incluso nuestra ropa, joyas, ollas y sartenes. Se llevaron nuestros shuls (sinagogas) nuestras escuelas, y todo nuestro estilo de vida. Tomaron nuestros planes y sueños… nuestras ideas de cómo se desarrollarían nuestras vidas. Pero habíamos sobrevivido, y ahora necesitamos reconstruir nuestro futuro”.
Luego de un año y medio, en 1946, Perel se casó con Yaakov Kopel, quien también había sobrevivido a la guerra trabajando en la fábrica de Oskar Schindler. Incluso el Rebe de Klausenburger fue quien oficio su boda. Perel había dicho: “de hecho, preparé toda la comida para mi boda, y luego me puse un vestido de novia prestado. La boda fue algo triste, me estaba casando sin padres, sin hermanos, y sin familia. Esta no era la boda con la que sueñan todas las jóvenes, y aunque no había músicos, todos allí hicieron lo posible por alegrar a la pareja que se iba a casar completamente sola. Finalmente obtuvimos las visas para ir a Estados Unidos. Llegamos a Nueva York en 1949, y nos instalamos en Williamsburg, para después mudarnos a Boro Park. Allí fui ahorrando un dólar a la semana, porque sabía que pronto llegaría la fiesta de Pésaj, y necesitaba comprar platos y ollas. Entonces me alegré mucho cuando logré hacerlo. Nuestro primer Pésaj en Estados Unidos fue como nuestra boda, estábamos felices de estar vivos y libres, pero había una frialdad en nuestras vidas, no teníamos familia. Sin embargo, pronto esa frialdad comenzó a descongelarse, cuando fuimos bendecidos con dos maravillosas hijas, Jaya Sarah, y Fraidy. Pero a lo largo de los años, de a poco llegué a apreciar todo lo bueno de mi vida, y a enseñarles a mis hijos y nietos a no quejarse de lo que a uno le falta, sino a apreciar todo lo que Hashem nos da, y a saludar a las personas con una sonrisa, incluso cuando el corazón esta triste”.
Perel también comento: “ahora, casi 80 años después de perder a toda mi familia, Hashem me ha dado la posibilidad de celebrar muchísimas más fiestas, y poder disfrutar junto a mis hijos, nietos y bisnietos. Ellos son los que le dan sentido a mi vida, porque ver a las generaciones, es seguir adelante con alegría y orgullo como judío, por aquellos que fueron llevados”.
Perel Schulkind falleció a los 98 años, el 13 de julio del 2022, rodeada de sus hijos, nietos y bisnietos.



















