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¿Qué hacemos frente a la maldad absoluta?

¿Qué hacemos frente a la maldad absoluta?

Sivan Rahav Meir

El Eterno dijo a Moshé: “Escribe esto en remembranza en el Libro…pues Yo ciertamente borraré la memoria de Amalek debajo de los cielos…el Eterno tendrá guerra con Amalek de generación en generación”.

Estos fueron versículos que se leyeron este sábado por la mañana en las sinagogas de todo el mundo. Es un recordatorio importante de la Parashá de esta semana: Hamás, el mal absoluto, no es sólo el enemigo de Eli Sharabi, Ohad Ben Ami y Or Levi, los secuestrados que regresaron a Israel y son acompañados hoy por el corazón de todos nosotros. Hamás tampoco es sólo un enemigo del pueblo de Israel. El Amalek de cada generación es enemigo de Di’s. Él es el enemigo de todo lo bueno y santo que hay en este mundo. El enemigo de la vida.

Hemos recibido hoy solo un pequeño recordatorio de lo que sucedió aquí el 7 de octubre y de lo que sucede cada vez que la maldad absoluta logra realizar sus planes.

Entonces, ¿qué hacemos? Debemos prestar mucha atención cuando Amalek se presenta: antes de su ataque, en la Parashá se nos cuenta sobre las quejas y peleas que había entre nosotros, sobre la falta de fe, del desaliento y la dejadez. Es sorprendente ver cuál es el último versículo que aparece en la Torá antes de que Amalek comience a atacar: “Y llamó el nombre del lugar Masá uMerivá, a causa de la contienda de los Hijos de Israel y porque habían puesto a prueba el Eterno, diciendo: ¿Está el Eterno con nosotros, o no?”.

A partir de la riña, de la confusión y de la duda si Di’s está con nosotros, Amalek aprovecha la oportunidad y nos ataca. Es decir que su verdadero enemigo es nuestra fe que nos une, nuestra fortaleza y nuestra resiliencia común. Es así como se lucha contra él.

Este es el camino que se describe al comienzo de la Parashá de la semana, el camino que conduce al éxodo de Egipto y a la partición del Mar Rojo. También hoy rezaremos por tal realidad: la salida del Pueblo de Israel de todas las limitaciones y obstáculos hacia una nueva realidad, una realidad buena y sorprendente. Momentos en los que todo mal desaparece y se ahoga en el mar, momentos de redención, un canto compartido que brota a partir de la unidad y una abundancia de buenas noticias.

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