Sivan Rahav Meir
En una conferencia de Año Nuevo en “Kfar Shaúl”, el centro psiquiátrico de salud mental, una chica hospitalizada allí me preguntó: “¿Será que soy inútil en la sociedad? ¿Ustedes harían desaparecer a Kfar Shaúl si pudieran? A veces me siento deshecha, dañada, como si fuera un producto con algún defecto de fábrica”.
De ninguna manera -dije- y les pedí que hiciéramos juntos un experimento que una maestra mía, que era muy sabia, había hecho con nosotros una vez. “¿Quieren ver una maravilla del mundo, quieren ver algo único?” preguntó la maestra. Todos, por supuesto, dijeron que sí. Ella dijo: Miren las yemas de vuestros dedos, miren vuestra huella dactilar. Todos miraron las yemas de sus dedos. Y ella explicó: Esta es una creación única. No hay otra igual en el mundo entero. Nadie nació, ni nacerá jamás, con vuestra huella dactilar particular.
Éste es un recordatorio para cada uno de nosotros: Di’s creó a cada uno de nosotros a Su imagen, con especial atención, con nuestra luz propria en el mundo.
Ustedes también están invitados a mirar vuestra huella dactilar. En la víspera de Iom Kipur, recordemos que cada uno —nosotros y todos los que nos rodean— es bienvenido, amado e importante. Nadie es superfluo.
Que cada uno cumpla con su misión especial, con alegría.
















