Sivan Rahav Meir
Hoy en día es común hablar de los valores, de los principios de nuestro Patriarca Abraham, pero en realidad, Abraham estaba solo.
Todo lo que aparece en nuestra maravillosa Parashá —la creencia en Di’s y no en ídolos, la inmigración a la Tierra de Israel, la hospitalidad— todo esto era considerado revolucionario y extraño en su época. Nuestros comentaristas explican que por eso a Abraham se le llama “Abraham haibrí”-la palabra “ibri” en hebreo significa “más allá” y da a entender que el mundo entero estaba de un lado, y sólo Abraham estaba del otro.
Abraham, nuestro Patriarca, nos enseña que lo principal no son el reconocimiento público y los aplausos, sino la verdad Divina. Tanto en una época de idolatría generalizada, así como hoy.
El rabino Shimshon Rafael Hirsch nos recuerda que Abraham legó al pueblo de Israel esta capacidad eterna de no dejarse llevar por la corriente: “Los valores de Abraham contradecían los valores aceptados. Toda su vida fue una firme oposición contra el espíritu de la generación, fruto de una verdad interior. ¿Cómo pudimos existir, y cómo podremos existir, si no hubiéramos heredado de Abraham, nuestro Patriarca el coraje de ser minoría?”
Desde nuestro Patriarca Abraham, hasta el día de hoy, este don nos acompaña como herencia. Cada uno puede intentar reflexionar sobre en qué momento de su vida ha visto reflejada en sí esta cualidad, este coraje, de nuestro Patriarca Abraham. Que seamos dignos de continuar su camino.
















